El nicaragüense y el diminutivo

 

 

Una de las tendencias más fuertes del nicaragüense es la de utilizar de manera exagerada el diminutivo.  No puede haber una plática entre nicaragüenses sin que aflore de manera abundante y natural el uso del diminutivo.  Las razones de este hecho son diversas y muchas se pierden en el tiempo.  Por una parte, nuestras raíces indígenas están íntimamente ligadas al náhuatl, que es un idioma rico en diminutivos.  Andalucía por su parte, de donde vino nuestra mayor influencia española, también tiene un especial afecto por los diminutivos. 

A continuación les presentaré algunos apuntes sobre el uso del diminutivo en Nicaragua, más allá de la utilización para denotar tamaño o un simple afecto; sin ningún ánimo de incursionar el difícil terreno de la ingeniería lingüística. 

Si en Nicaragua se pretende realizar el retrato hablado de una persona; esta manera de expresarse causará indudablemente un tremendo dolor de cabeza al interlocutor, a menos que éste comprenda a fondo, la connotación exacta de cada una de estas derivacionesAnte la pregunta: ¿Señora, cómo era el sujeto que acompañaba a la ahora occisa? no es remoto escuchar: -Era un muchacho bajito, pelito negro, de bigotito, de anteojitos; era de ciertos recursos pues andaba su relojito y su anillito. Un profano preguntaría, -¿bajito como de cinco pies?- No, más bien como de cinco pies sies pulgadas-  Ah, bueno, bajo a secas entonces-  Pues, sí-  El pelo escaso, ¿Verdad?,  No, pues regular.  –Ah- El bigote entonces ¿sería como el de Hitler o el de Cantinflas? Pues, más bien algo así como el de Maduro, el del pajarito-  Recórcholis Señora- Los anteojos ¿serían como los del jefe de Lorenzo Parachoques?, -No, más bien como los que usa el Cardenal.  –Comprendo-  ¿El reloj sería como reloj de mujer? No, sería como reloj de cronista deportivo; de esos que necesitan radiador-  Ah, vaya, mejor ni hablemos del anillo pues podríamos meternos en Honduras. 

En ciertos casos, el diminutivo se utiliza para demostrar respeto.  Por ejemplo para el nicaragüense se escucha muy fuerte decir: una monja, por lo que regularmente utiliza monjita.  No importa que la susodicha esté arañando las doscientas cuarenta libras, seguirá siendo monjita.   

En ciertas profesiones, el diminutivo podría denotar el carácter bisoño del titular, por ejemplo es común escuchar el doctorcito, cuando se trata de un médico recién egresado o la maestrita, cuando es tan joven que todavía no se hace acreedora del titulo entero.  En algunos casos, de acuerdo al contexto e incluso a la entonación, el diminutivo se utiliza en forma despectiva para indicar la falta de respeto que genera la figura de algún profesional, en este caso el doctorcito sería el doctor que a pesar de su experiencia no logra dar en el clavo respecto a una enfermedad. 

El término más utilizado para denominar a los miembros de la respetable comunidad gay es “cochón”.  Dicen algunos estudiosos que el término nació cuando un francés radicado en Granada, al sorprender a una pareja practicando su preferencia sexual, exclamó, no se sabe si por repulsión o por celos: ¡Cochon!, (en francés: cochino, marrano) y desde entonces ese es el vocablo más utilizado al respecto.  Sin embargo, cuando el sujeto en cuestión es bien parecido, amable, servicial o bien que trabaja para una amiga o es pariente de algún conocido, el diminutivo viene a marcar una diferencia pues se convierte en el “cochoncito”.  Esto viene a promover un tanto su aceptación natural en una comunidad homófoba, afortunadamente en vías de extinción. 

En Nicaragua, como en todo el mundo, hijo de puta es el mayor insulto posible, sin embargo, muchas veces, hijueputa puede denotar el carácter malandrín de una persona, cuando es en grado extremo llega a ser un “hijueputa bien hecho”.  Pero cuando el sujeto es hijo de alguna pariente o amiga,  para no llegar a poner en tela de duda la honorabilidad de la madre, el diminutivo viene a auxiliar la situación, transformándolo en “hijueputilla”, en donde el sujeto sin dejar de ser un desgraciado, aísla de su condición la honra de su madre.  Pendejito por su parte lleva más bien una dosis de ironía. 

Cuando un hombre tiene una relación íntima de carácter no formal con una fémina, se dice que tiene una mujer, una amante.  Sin embargo, cuando esta relación no constituye ningún peligro para la esposa del referido casanova, para denotar cierta permisividad se recurre al diminutivo y entonces resulta que el fulano tiene una mujercita.  No se trata de una chaparrita, ni mucho menos, sino de una relación un tanto tolerada por la esposa y especialmente por su círculo social.   

El diminutivo también denota conmiseración.  A pesar de que las ONG se han empeñado en reformar las denominaciones para ciertas capacidades diferentes, es muy común escuchar: el cieguito, el mudito, el renquito, el mancunchito, el ñajito.  Lo anterior también abarca a aquellas personas que comúnmente son explotadas o que dado su carácter voluntarioso todo un colectivo lo utiliza para sus mandados.  Así vemos que en toda oficina hay un Miguelito, Chemita, Pedrito, que siempre está presto a complacer los caprichos del resto de los empleados. 

También para disimular alguna cantidad que no se quiere dar a conocer a fin de no provocar envidia, se recurre al diminutivo.  -Es que he ahorrado algunos bollitos-, me gané unos centavitos- o simplemente -me van a dar un dinerito-.  De esta forma se cierra el paso a futuras averiguaciones cuantitativas y/o un posible sablazo. 

Las fórmulas de solicitud o cortesía también obligan al diminutivo.  El invidente que se acerca a la señora le dice: -una limosnita por el amor de Dios.  -Vine a ver si me hacía un favorcito-, ¿me regala un vasito de agua? ¿No quiere un bocadito? O bien -Con permisito. 

Con el gerundio también es socorrido el diminutivo, pues es muy común escuchar:  -Jugandito, jugandito te me robaste el radio-, como para matizar la acusación o bien, -Dejá de estar jodiendito-, para suavizar el verbo. La derivación también es muy útil para fortalecer la expresión, por ejemplo –rapidito- ahorita- ahí nomasito- hace poquito- al ratito. 

La derivación también se utiliza para minimizar el impacto de situaciones íntimas o embarazosas: -voy a echar una meadita- andaban echando un polvito- al pobre del susto se le salió un pedito-, el short del viejito era tan corto que se le miraban los güevitos-. 

Me despido con un hasta pronto, pues el diminutivo en las despedidas es una manifestación propia del sexo femenino.  Si en Nicaragua un varón se despide con un: adiosito o chausito, es muy probable que algún bellaco le grite: Ay, amor!!!

9 comentarios

Archivado bajo diminutivo, Nicaragüense

9 Respuestas a “El nicaragüense y el diminutivo

  1. Buenísimo Orlando me he cagado de la risa como decimos por esos lados. Tienes que tocar otro tema como es el del vocablo “Verguear”.
    A continuación una pequeña introducción:
    El origen del vervo Verguear lo describe en una forma más literaria Benito Camela, en el “Laberinto del aprendizaje” léanlo y les sorprenderá, es más, mirarán al Nica al desnudo, en el que se menciona que “Verguear” era como decir “Turquear”.
    Inicialmente se usá el término de una manera peyorativa, que era el aparato que “embeleso” a las mujeres de todas edades. Sin duda alguna, en este libro logra un excelente ensayo que le merecio el “Premio Nobel de Literatura”, intrducido por el también escritor Thoma Sacamela.

  2. Maria Useda (Masaya)

    Que bueno sus prosas,cuentos,ilustraciones, comentarios y mas
    me he muerto de la risa con todo esto
    Mmmmmmmmmmm que bueno que pude encontrar esta pagina Mm Mm Mm me facino
    Que Dios lo bendiga
    Chausito
    Mis respetos para vos!!!!
    me recorde de muchas cosas que se me habian olvidado, gracias por recordarmelas

  3. Marco Antonio

    A veces por algunas ocupaciones no me detengo a leer sus escritos pero hoy dedicando tiempo encontre este y me parecio formidable y hasta cieto puento muy educativo. Saludos Dr. Ortega y continue escribiendo.

  4. Me ha gustado mucho este post. Aunque te digo que los ticos no se quedan atrás. Y … tengo la impresión q usan más disminutivos que en Nicaragüa. Lo pondré en mi muro. un abrazo;

  5. Tengo entendido que en paises como Chile, Ecuador o Perú se utiliza mucho también, pero claro, me imagino que la connotación varía. Muy buen tema. No podíamos esperar menos.

  6. luis villavicencio

    Buen tema……El diminutivo tambien lo usamos a manera de sumision sublimal……cuando queremos lograr algo (coyotear)….. demostracion de aprecio a mayores o respeto a gente mas joven.

  7. Pingback: No hay cochón torcido | Los hijos de septiembre

  8. Oscar Martinez

    Ja, ja, ja, Fuera de serie como siempre Don Orlando. Antes de llegar a la casa llamaba y le decía a mi esposa: Que me tenes de cena amor? Me contestaba: Pues te tengo unos frijolitos bien ricos con quesito frito y tajaditas de plátano y para mañana en el almuerzo unas tortitas de carne con un arrocito de chuparse los dedos. Y haciendo planes para el sábado o domingo me comentaba que podríamos desayunar con unas nacatamalitos bien ricos que hace la comadrita Carmen. Mucho predomina el diminutivo en nuestras comidas. Una sopita de frijoles y en algunas ocasiones el aumentativo. El dia de ayer me hicieron en la casa un sopon que me hizo sudar. Hasta pronto Don Orlando!

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