La farmacia del juicio final

Cuando era niño siempre me vi atormentado por pesadillas en donde demonios, monstruos y sombras macabras hacían insufribles mis noches.  Cuando en el catecismo me correspondió estudiar los novísimos o postrimerías del hombre, despertaba frecuentemente con la idea de que en cualquier momento la trompeta del arcángel anunciaría el momento del Juicio Final.Tiempo después, cuando crecí y pude comprender los conceptos de parábola, mito, fábula, leyenda y alegoría, mi sueño se volvió plácido.

Sin embargo, a inicios de los años noventa, transitaba yo por la Avenida del Ejército en Managua, esa que va de la estatua de Montoyahasta El Arbolito, cuando de repente me sorprendió un rótulo de pared en una farmacia que decía en su parte inferior: “Abierto inclusive el día del juicio final”

Farmacia Zacs

 

Esta clara demostración del carácter exagerado y fanfarrón del nicaragüense volvió a despertar en mí cierta inquietud por esa postrimería.  A partir de entonces mi sueño se inquietaba al despertar pensando en ese fatídico día.  Me imaginaba que de repente, la noche se vería inundada por el sonido aterrador de la trompeta del ángel anunciando el inexorable juicio.Mi inquietud se centraba en el momento que transcurriría entre el sonido de la trompeta y el despertar de los fieles difuntos y si en ese lapso podría darse la circulación de los vehículos, de tal suerte que me diera tiempo de ir a la Avenida del Ejército y corroborar si la famosa farmacia seguía abierta y si habría alguna ceremonia en donde después de haber cumplido su promesa, al fin podrían cerrar el negocio.

Luego mis divagaciones fueron más lejos, pues trataba de imaginarme si sería un evento internacional, ¿por dónde empezaría el juicio?  ¿Sonaría la trompeta al mismo tiempo en todo el orbe? ¿Iniciaría el juicio en Israel, por ser este el pueblo escogido por el Señor? ¿Cuánto duraría todo el proceso?

En fin, mis noches se intranquilizaron en torno al Juicio Final y especialmente en la farmacia que estaría abierta hasta el último momento y si podría adquirir una o dos Tafil de un gramo para resistir el suspenso del proceso.

Recientemente, circulaba yo de Monseñor Lezcano hacia la Carretera Norte y pasé por la Avenida del Ejército.  Cual no sería mi sorpresa cuando en el lugar de la farmacia había un almacén de repuestos para automotores.  Al comienzo me invadió una tremenda tristeza, pues la farmacia era parte de mis planes para el último día, sin embargo, poco a poco fui resignándome y pensé que tal vez ni siquiera llegaría a vivir hasta ese día y que después de resucitar, seguramente andaría como Lázaro y estaría más difícil indagar sobre la farmacia.

Así que después de ese día, la tranquilidad y sosiego volvieron a mis noches y salvo uno que otro mariachi del Munich que lleva serenata a una vecina, muy difícilmente pierdo el sueño.

1 comentario

Archivado bajo Uncategorized

Una respuesta a “La farmacia del juicio final

  1. Chepeleon Arguello U

    Mi querido hermano, celebro tu pluma. Y es que la niñez es cosa seria, en casa de mi madrina, en los alrededores del Calvario, en la vieja Managua, en la pared del cuarto donde dormía en mis visitas aisladas a su casa, había un cuadro que reflejaba la parte oscura de la mente de Dante Alighieri. Un grupo de humano ascendiendo a los cielos, rodeados de ángeles y con la expresión de la calma, que imaginamos en los santos, el segundo grupo, el desafortunado, es decir la mayoría (me incluyo), descendiendo al “inferno de Dante”, con la expresión en los rostro de horror, confusión y tantas otras emociones, rodeados de creaturas aladas y deformes, alimentándose de los cuerpos…Te podes imaginar las noches, el insomnio producto de tales visiones, sin olvidar, que mi madrina, era católica compulsiva, El Ángelus, era cosa que se debía tomar con seriedad, y allí nos mirabas a todos los miembros de su familia, incluyéndome, a las mera 6 de la mañana, a las doce en punto, rezando unos en latín otros en español, El Ángel del Señor anunció a María… y de ipegüe, antes de dormir, dar las gracias por el día, fingiendo santidad y aceptación. ¡Qué tal!
    Todo eso, quedo en el olvido, las costumbres no son las mismas, el mismo terremoto marco el fin de las viejas costumbres y el principio de una “nueva era”, aunque imagino que la guerra fratricida que experimentamos, termino otras tantas costumbres, nos mostró un poco, que los sueños apocalípticos, no son tan sueños que digamos. Gracias por compartirlo, me vi, mentalmente recorriendo esa calle en busca del rotulo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s