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No contaban con su astucia

En 1976 laboraba yo para el Ministerio de Agricultura y tenía un compañero de trabajo con quien también había concluido la carrera de economía enla UNAN, a quien apodaban El Gato.  Era mucho mayor que el resto de compañeros, arañando en ese entonces los treinta y pico de años, casi la cuarentena.  Llamaba la atención que los martes tenía dos aficiones fundamentales, a mediodía ir a Los Chanchitos a saborear unos tragos platicados de Flor de Caña y un filetito de cerdo asado, luego por las tardes se le hacía eterno el tiempo para salir corriendo a su casa pues tenía que estar atento a la transmisión del programa de Chespirito, con sus personajes de El Chavo del Ocho y El Chapulín Colorado, además de otros que con el tiempo se fueron sumando.

Para ese entonces, en Nicaragua la televisión había incrementado considerablemente su audiencia, al aumentar la venta de televisores, la mayoría en blanco y negro todavía y al extenderse la cobertura de la señal casi a nivel nacional.   De esta manera, el programa mexicano de la empresa que posteriormente se convertiría en Televisa, tuvo un impacto impresionante en la población, principalmente con su personaje de El chavo del ocho.

El creador de estos personajes y de los respectivos guiones era el cómico mexicano Roberto Gómez Bolaños, conocido en el mundo artístico como Chespirito, nombre que es una deformación de Shakespeare, adjudicado por un director de cine mexicano quien para derivar el mote se basó en la facilidad de Gómez para escribir guiones cómicos, así como en su reducida estatura.  El cómico empezó a trabajar en la década de los cincuenta como guionista de muchos programas de televisión, así como de algunas películas, destacándose los de Viruta y Capulina.  Al final, por azares del destino Chespirito ingresó en la actuación y luego vino el programa del Chavo, con gran éxito a nivel latinoamericano.

La historia básica se desarrollaba en una vecindad, que en su momento también fuera la localidad preferida por Cantinflas para sus películas y que reflejaba a los sectores de menores ingresos que vivían en el centro de la ciudad de México y en medio de la pobreza del ambiente, resaltaba ese niño huérfano que vivía en un barril.

La influencia de dicho programa en el público nicaragüense fue tal, que en todos los ámbitos de la vida nacional se comentaba sobre las andanzas del Chavo y sus amigos, así como las atropelladas aventuras del Chapulín Colorado.  Los dicharachos de la serie, inundaban el habla de ese entonces escuchándose por doquier: “Fue sin querer queriendo”, “Síganme los buenos”, “Oh, y ahora ¿quién podrá defendernos?”, “ Se me chispoteó”, “No me simpatizas”, “No contaban con mi astucia”, “Que no panda el cúnico”, “Todos mis movimientos están fríamente calculados”, “Tenía que ser el Chavo del Ocho”, “Es que no me tienen paciencia”, “Eso, eso, eso”.  Las interjecciones “a la flauta”, “a la viuda” o “chófiro” tan clásicas en nuestro hablar fueron sustituidas por “Chanfle” y “Recontrachanfle”.  Asimismo, los niños que cargaban sobre sus espaldas los complejos de algún progenitor medio pelo se regodeaban gritando a todo el mundo: “Chusma, chusma, chusma”.

Durante el resto de los años setenta, el programa de Chespirito continuó en las preferencias de los televidentes nicaragüenses, sin importar que a veces las repeticiones de los chascarrillos llegaban a ser evidentes y predecibles, incluso algunas arrastradas desde los programas de Viruta y Capulina.  En total se produjeron cerca de mil trescientos capítulos del programa de Chespirito, que Televisa supo comercializar de manera eficiente, pues es la fecha y en su programación para la televisión por cable en Latinoamérica lo sigue recetando mañana, tarde y noche, además de una serie de dibujos animados basados en el personaje del Chavo del Ocho.

Aparentemente los programas de Chespirito tenían un contenido blanco, lo que supuestamente los hacían aptos para todo público, sin embargo, si se realiza un análisis desapasionado de los mismos, se observan muestras de reiterada discriminación, intolerancia e incluso de violencia.  Es más, existe un capítulo en donde don Ramón aparece haciendo las veces de carpintero que al final tuvo que ser censurado y retirado de la serie por el exceso de violencia entre los personajes.  Por otra parte, es interesante observar que ninguno de los personajes de la serie, por el tipo de familia a la que pertenecen, podría considerarse como materia de protección de sus derechos patrimoniales de parte del nuevo Código de la Familia de Nicaragua.

En marzo de 2012, Televisa organizó un homenaje a Roberto Gómez Bolaños por su trayectoria artística, evento que se manejó a nivel latinoamericano y en donde la transnacional de las comunicaciones explotó una vez más la imagen de Chespirito y sus personajes.  Es importante resaltar que Televisa ha obtenido ganancias con los programas de Chespirito, incluyendo las del reciente homenaje al cómico, equivalentes a cerca de 2 mil millones de dólares, es decir una cifra igual a las exportaciones totales de Nicaragua en el año 2011. Chanfle dirían algunos.  De esta bicoca Roberto Gómez Bolaños ha obtenido una nada despreciable tajada, a tal nivel que quien maneja los derechos de autor del cómico, así como los productos como juguetes, ropa y demás es la empresa llamada Chespirito, S.A. de C.V. quien vigila celosamente todos los derechos derivados de los personajes creados por el cómico de tal forma que se han registrados innumerables juicios en contra de los otros actores de la serie que se han atrevido a utilizar los nombres de sus respectivos personajes, atuendos, dichos e incluso gestos.  Al final de cuentas, nadie contaba con la astucia de Televisa y de Roberto Gómez Bolaños.  Espero que Chespirito no me pase la factura por escribir sobre él o por la foto incluida.

En estos días, Gómez Bolaños de 83 años que ha sido pronunciado muerto por inescrupulosos medios de comunicación, ha salido a desmentir la noticia manifestado además su asombro ante la aparición del Chavo del Ocho en la plataforma Wii.

En Nicaragua, es posible que solamente algunos trasnochados utilicen eventualmente algunos de los dichos de Chespirito, aunque los personajes de la serie se encuentran entre las figuras de ficción más conocidas por los nicaragüenses de todas las edades.  No obstante, en la vida nacional se puede observar que muchos de sus ciudadanos guardan una estrecha similitud con los personajes del cómico mexicano, que parecen no perder vigencia.  Vemos seudo líderes que se avientan como el Chapulín Colorado en medio de grandes torpezas, bajo la bandera de defender a los buenos, otros ciudadanos se dedican a repartir tortazos a diestra y siniestra, mientras algunos políticos se dirigen a la opinión pública con declaraciones propias de Chaparrón Bonaparte o Lucas Tañeda.  Mientras una gran parte de la población no tiene de otra de meterse en su barril mientras exclama: Pi, pi, pi, pi, pi…

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