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Las delicias del nombre

Pila bautismal

Aparentemente las reglas del marketing moderno han dado al traste con la originalidad, tan propia del nicaragüense, para bautizar sus negocios.  Si usted recorre las páginas amarillas del directorio telefónico local, en donde según la empresa editora (como una táctica para apretarle el pescuezo al anunciante indeciso) si no aparece ahí no existe, encontrará un panorama completo de la inventiva del nica para darle categoría a su negocio y en donde observará un extraordinario énfasis en la identidad e imagen corporativa, marcas, logotipos, eslóganes, etc.    

Sin embargo, había una vez, allá en el siglo XX, cuando las empresas publicitarias estaban en pañales, en que la gente acudía a su ingenio y chispa para buscar un nombre para su negocio.  Dicen que para muestra un botón y las cantinas y/o antros de esa época son un claro ejemplo de la florida imaginación del nica.  

En mi muy personal opinión, si tuviera que elegirse al nombre más original de cantina o antro de esa época, sin dudar seleccionaría a Las Delicias del Volga.  No estoy en condiciones de incursionar en los detalles etílicos o gastronómicos, pues para ser sincero nunca entré a ese recinto.  Para esas particularidades tengo entendido que están en proceso de preparación cerca de 85 ensayos sobre las cantinas de la vieja Managua por afamados antropólogos nicas.  Me refiero exclusivamente al nombre.  

Muchas veces he tratado de imaginarme al soñador que bautizó con tan original nombre a esa cantina, tratando de visualizar desde la tropical Managua, las delicias que pudieran encontrarse a lo largo de la rivera del río Volga o en las frías noches de Kostroma, Kazan, Samara o Volgogrado.  Se habrá inspirado acaso escuchando a los Boteros del Volga interpretar Ochichornia o quizá en alguna novela de Gorki, Tolstoi o Dostoievski.  

Desaparecida hace muchos años, Las Delicias del Volga sigue siendo punto de referencia obligado para los Managua.  A un par de cuadras del Cementerio Central, toda la zona parece girar en torno a ese original nombre.  Si no lo cree, puede usted buscar en Google y encontrará infinidad de entradas, la mayoría con relación a direcciones de la Managua actual.  Es más, puede usted ubicase en el punto exacto donde estaba este local, mirar hacia el occidente y el portón del Cementerio le recordará: Letum non omnia finit -La muerte no lo termina todo-.  

Tal vez un segundo lugar lo ocuparía El Pez que Fuma. No estoy seguro de la originalidad de su nombre, pues se reporta actualmente un establecimiento con igual nombre en Veracruz, México y una película venezolana de fines de los 70 también lleva el mismo nombre.  Sin embargo, este nombre con ribetes filosóficos estaba en boca de todos los Managua de la época, hayan o no estado en ese lugar non santo; al punto de que cuando los estudiantes de los dos últimos años de bachillerato, en donde el francés era materia regular, presumían su dominio del lenguaje refiriéndose al local como: le poisson qui fume.  

Otros nombres que con singular originalidad bautizaron este tipo de locales en diferentes puntos del país fueron:  El Nilo Blanco, El Fokker, El que no cae resbala, La Conga Roja, El Cuarto Bate, Sangre y Arena, El Gato Abraham, Chico Tobal, Pedro Tuco, La Caja de Fósforos, Juan Culón, Le Petit Café, La Vida en Rosa, El Mamón, La Miel de los Gorriones, Noche Criolla, Mandrake, Quinto Patio, El Baby Doll, El Cedazo, El Tequila, El Capricho de la Gata, El Krique de Oro, La Gata del Mandarín, El Lucky Seven, El Sonny Boy, El Superhombre, Los Besos Brujos, Gotitas Dulces, Cachecho, El Negro Williams, La Gran Jugada, El Monito, El As Negro, Los Balcanes y el renombrado El Lago de los Cisnes, que fue rebautizado, dicen que acertadamente, como El Charco de los Patos.  

Esto nos demuestra que la chispa local está por encima de la actual mercadotécnica y que si hiciéramos a un lado estas rígidas normas, podríamos retomar el sabor que tenía entonces el bautizar un negocio.  Parece existir, sin embargo, límites para la utilización de nombres tan originales, pues no es cualquier giro comercial que puede darse el lujo de semejantes licencias.  Dentro de las actividades que no admiten estos destellos de originalidad, por ejemplo, son las funerarias, obviamente y por cierta razón las farmacias.    

En el primer caso no hay discusión, no obstante, pareciera que existe cierto tipo de superstición que obliga a la distribución de productos farmacéuticos a correlacionar sus nombres con aspectos religiosos, siempre y cuando la fe sea mayor que el ego del propietario, pues en caso contrario la adorna con su nombre o apellido.  Así vemos farmacias con los nombres de La Sangre de Cristo, Santa Fe, Santa Gema, El Rosario, El Relicario, El Buen Pastor, El Cristo, Hosana, El Socorro, Divino Niño, El Buen Samaritano, María Auxiliadora, La Santísima Trinidad, San Ignacio y así por el estilo. 

El hecho es que el nica asume una posición demasiado grave y seria a la hora de bautizar una farmacia, mientras los grandes consorcios farmacéuticos se ríen a mandíbula batiente de los pobres consumidores que tienen que pagar cerca del mil por ciento arriba del costo de producción, al igual que los propietarios de farmacia que se llevan cerca del 60% mínimo de ganancia, al pobre consumidor no le queda de otra que aguantarse.  

No podría ser acaso, que para estar a tono con esa actitud jocosa del giro farmacéutico, el nica se permitiera la licencia de la originalidad en los nombres de las farmacias.  No sentiría usted menos contundente el golpe del precio de sus fármacos si la farmacia se llamara El retortijón de la Reina Mab, El funcionario eréctil, Sólo se tose dos veces, El correcaminos flatulento, Asma cero, La lobotomía de la Caperucita, El bálsamo de Onán, El ardor de Penélope, La chirimía de Madame Curie, El buen Pasteur, Las ronchas de Almodóvar, Laxol con aroma de mujer, El condón de Montecristo, La chistata del Zorro, El trompetista purgado, La ninfómana arrepentida, La próstata melancólica, La seguidilla de Albeniz, El 007 positivo, El hipo pródigo, Don Juanete Tenorio, La amígdala de lo ajeno, Las trompas de Jericó, Las focas nasales, El uñero bolivariano, Las golondrinas de Bécquer, El oso bipolar, La lora afónica, La laberintitis del fauno, El seminarista de los piojos negros, La orquitis de Colón, La gota de Carlos Vives, El píloro de Shakira, La caspa de ozono, El callo giro, La almorrana René, El cólico anónimo, San Ex pedito, La depresión tropical, La vida es suero, El bato con gotas, La tía Mina, La compresa número 9, La epinefrina de Lázaro, Y nos dieron Lasix, Tampones lejanos, Gasas por el recuerdo, El polígono Rea, O mio cardio bambino, El botox secreto, La reuma flamenca, La media Voltaren, Moliendo Cafiaspirina, Se vaselina el caimán, Aunque usted no lo Creatina, El Cialis de plata, entre otros.  

Estoy seguro que los nicaragüenses se curarían más rápido.  

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