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Los tres Villalobos

En 1960, después de haber cursado los cuatro primeros grados de primaria en el Instituto Pedagógico de Diriamba, mis padres decidieron retirarme de esa casa de estudios debido a un desaire que los ínclitos hijos deLa Salle hicieron a mi abuela.  En el acto de promoción de cuarto grado, la quitaron de su lugar en el salón de actos, para obsequiosamente cederle el lugar a una “benefactora” que había llegado tarde.  De esa manera ingresé al quinto grado a la Escuela Superiorde Varones de San Marcos.  Los beneficios a corto plazo fueron la desaparición de la infame levantada de madrugada para tomar el bus hacia Diriamba, pues la escuela estaba a una cuadra de mi casa, así como la posibilidad de regresar al hogar en el receso de cerca de tres horas al mediodía y disfrutar de la comida que preparaba mi madre.

Otro de los deleites de ese receso era escuchar, al igual que miles de nicaragüenses, la radio serie: “Los tres Villalobos” a través de la emisora líder en ese tiempo: Radio Mundial.  Un poco antes de la una, sintonizábamos la citada emisora, justo antes de finalizar el legendario noticiero de Rodolfo Tapia Molina: Radio Informaciones que finalizaba con la famosa marcha, American Patrol en la versión de John Phillips Sousa, que incluía fragmentos de otras marchas.  Después de un breve espacio de comerciales, con el acompañamiento de un sonoro platillo una voz anunciaba:  Cadena nicaragüense de radio difusión, desde Radio Mundial en Managua.  Seguidamente comenzaba el tema musical de la radio serie que decía:  Tres eran tres, los tres Villalobos, tres eran tres, ninguno era bobo.  Después de mucho tiempo, la cancioncita se nos antoja un tanto boba, sin embargo, en aquellos tiempos era el preludio de media hora de aventuras de estos tres personajes, en las praderas y montes cubanos.  Eran una especie de rancheros y sus aventuras eran similares a la de los cowboys norteamericanos, adaptadas a la realidad e idiosincrasia de los cubanos.

La serie se había iniciado en Cuba a inicios de los años cuarenta, en la época dorada de la radiodifusión en la isla, de donde se recuerda El derecho de nacer, de Felix B. Caignet, que en su momento culminante paralizó todas las actividades de ese país.  En esos tiempos, los grandes consorcios productores de bienes de consumo básico encargaban sus propias radio series y así fue que los fabricantes del jabón Sabatés que eran una subsidiaria de la transnacional Procter and Gamble, le solicitaron al escritor cubano Armando Couto una radio serie que inicialmente se trasmitió en la emisora RHC, Cadena Azul y posteriormente con el copatrocinio del ChocolatesLa Gloria y el Jabón Elsa de la fábrica Sabatés, se trasladó a la emblemática emisora CMQ Radio.

La radio serie era narrada y actuada con extremo profesionalismo, pues tanto el narrador como los actores mantenían un acento neutro, a diferencia del genial Trespatines que hablaba con un acento de cubano de la calle con todas las floridas expresiones y dichos de la época.  En esa radio serie, tal vez la única expresión autóctona que se le escapaba a alguno de los actores era:  ¡Caballero! o ¡Mi madre!.

Así fue que diario, de lunes a viernes disfrutábamos, juntos en el hogar, de aquellas emocionantes aventuras que al igual que toda serie tenía sus momentos de suspenso que debían resolverse en el siguiente capítulo.  Además de los Tres Villalobos, estaban Emilio Capetillo, Cecilia, Sakiri que al parecer era malayo pues regularmente evocaba los proverbios de su tierra.  En cierto momento, el autor involucró al movimiento guerrillero de la isla, participando el General Castrillón, el Capitán Armenteros y un tenebroso Gaucho Nevara.  No alcanzo a recordar de parte de quien estaban los tres Villalobos, pero el caso es que la lucha era un tanto anacrónica, con batallones a caballo.

Recuerdo que en un capitulo se corrió la noticia de la muerte de Rodolfo y al final los dos hermanos van a buscarlo y encuentran un ataúd y al abrirlo Machito gritaba: ¡Rodolfo! y ahí terminó el capítulo.   Esa tarde todo el pueblo no habló de otra cosa que de la muerte de Rodolfo y antes de la función del cine, muchos con el rostro compungido hablaban de la terrible pérdida de Rodolfo Villalobos, como si se tratara de un familiar o un paisano del pueblo.  Al día siguiente, al reiniciar la serie, resultó que Machito obnubilado por la emoción se había confundido y hasta después comprendió que no era Rodolfo, quien seguía vivito y coleando.  Mucha gente respiró tranquila.

Con el entusiasmo generado por el éxito que había tenido la radio serie en toda América Latina, el cine mexicano rodó en 1955 la película Los tres Villalobos, con Joaquín Cordero en el papel de Miguelón, Raúl Luzardo como Rodolfo y Freddy Fernández como Machito y para adornar el film se incluyó en el reparto a la guapa Evangelina Elizondo.  Como toda buena película mexicana, estaba plagada de canciones de todo género.  Esta película tardó muchos años en llegar a las salas de cine nicaragüenses, pero coincidió con la fiebre por la radio serie.  En la presentación de esa cinta en el cine del pueblo el recinto se puso de bote en bote, con la emoción de poder ver un rostro para todos los personajes que sólo cobraban forma en la imaginación de cada quien.   Después del éxito de la cinta, se corrió el rumor en el pueblo de que había una segunda entrega de la película, sin embargo, aparentemente por algunas escenas impropias había sido censurada, el caso es que nunca se presentó, aunque tampoco hay indicios en los registros del cine mexicano de la existencia de dicha cinta.

A finales de 1961, la radio serie dejó de trasmitirse en Radio Mundial, aparentemente porque dejó de enviarse de parte de los productores cubanos, así pues parece que los famosos hermanos Villalobos fueron sustituidos por otros dos hermanos, más listos todavía, que se adueñaron no sólo del campo cubano, sino también de toda la isla.  No fue tan duro el golpe que nosotros sufrimos por la desaparición de la radio serie pues coincidió con la llegada de la televisión a todo el territorio nacional, con el consabido entusiasmo que causó este nuevo medio de comunicación.   Parece que casi cincuenta años después, la televisión cubana produjo una película para ser presentada en la isla como una teleserie, con las aventuras de Los tres Villalobos, ambientada siempre en el campo cubano de aquellos tiempos y con un tema musical bastante atractivo.  No tengo la menor idea cómo se manejan los asuntos ideológicos, pero debe ser interesante.

Por mi parte, a pesar de que aquella radio serie no tiene la mínima parte del suspenso que se maneja en las teleseries Breaking bad o Damages, sin embargo, extraño enormemente aquella media hora compartiendo con mi madre y mis pequeños hermanos, después de haber saboreado un delicioso almuerzo y un postre fuera de serie, sentados todos alrededor del radio, atentos a las aventuras de aquellos tres hermanos.

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