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Cincuenta años no es nada

Uno de los ejercicios más duros de la vida es el de envejecer.  Es algo que nos corresponde realizar a golpe y porrazo y pareciera que no hay preparación alguna en ninguna etapa de nuestra educación, que nos ayude a asumir este inevitable papel en nuestras vidas.

A pesar de nuestra resistencia a este inexorable estado, de repente nos damos cuenta que a un amigo que nos encontramos de casualidad en Facebook, teníamos la friolera de 43 años de no saber de él o como en el caso que recientemente llegué a leer en los diarios, el show de Los Picapiedra cumplió cincuenta años de haberse lanzado al aire.

En efecto, fue un 30 de septiembre del año 1960, cuando la cadena de televisión ABC inició la transmisión de la serie de los caricaturistas William Hanna y Joseph Barbera, famosos ya por su serie de dibujos animados Tom y Jerry.   La serie era una parodia ubicada en la edad de piedra, pero con una panorámica de la sociedad norteamericana de mediados del siglo pasado.  A pesar de ser una serie de dibujos animados, supuestamente dirigida al público infantil, su temática llegaba a cubrir aspectos realmente para adultos y como ejemplo está el hecho que marcó un hito para la televisión norteamericana cuando Pedro Picapiedra y Vilma aparecieron juntos en una cama, evitando el primero, en esa particular ocasión, lanzar su famoso grito Yabba Dabba Doooo.

En Nicaragua para 1960 la televisión todavía estaba en pañales y las series que se presentaban en la televisión eran las que se miraron en los Estados Unidos en los años cincuenta y algunas en los años cuarenta.  Más o menos para esa época, al inicio de los años sesenta, la señal de televisión llegó a Carazo y mi padre nos compró una televisión.  Los programas que mirábamos, además de los célebres dibujos animados de las cinco de la tarde, del cual hablé en mi post La hora de los muñequitos,  estaban los clásicos Lassie, con episodios de la segunda mitad de los años cincuenta, Furia, de la misma época y en donde miramos por primera vez a Peter Graves, quien más tarde protagonizara la primera versión de Misión Imposible y el heroico Rin-Tin-Tin.  También resaltaban Peter Gun, Mike Malone y los Camioneros, Boston Blackie, Charlie Chan, Cuatro hombres justos, El Santo, Ivanhoe, El Capitán Marte, I love Lucy, Patrulla 54 Conteste, Mr. Ed, Ruta 66, Davy Crockett, así como las clásicas de vaqueros, Roy Rogers, Gene Autry, Mr. Lucky,Perry Mason, La ley del revólver, Bat Masterson, La flecha rota, Bronco, El Llanero Solitario, Maverick, El Rebelde, Marcado, Tombstone, y varias más.

Los Picapiedra llegaron a la televisión nicaragüense hasta tres años después y fue presentada en horario estelar, no dentro de la hora de los muñequitos, compitiendo con series más recientes y que marcaron un enorme cambio en los programas de televisión de la época, como es el caso de Los Intocables, El fugitivo, La dimensión desconocida, Ben Casey, Combate, Dick van Dyke Show,  The Beverly Hillbillies, Alfred Hitchcock, Dr. Kildare, Mc. Hale´s Navy, Los Monsters, La familia Adams, Mi marciano favorito, Batman,  Hechizada, Mi bella Genio, Súper Agente 86, Los Vengadores, entre otros.

La serie fue cancelada en 1966, después de haber impuesto un record en cuanto al tiempo de emisión de una serie de dibujos animados y que únicamente fuera roto por la serie Los Simpsons, que salió al aire en 1997 y todavía sigue como el Johnnie Walker.

A mitad de los años sesenta, inició trasmisiones en Nicaragua el Canal 2, que vino a ofrecer a los televidentes una opción para salir de la programación monopólica del Canal 6.  La variedad de programas que se ofrecían el público televidente, lo obligaron a establecer un criterio para seleccionar aquellos que fueran de su mayor agrado o interés.   Los Picapiedra salieron del panorama televisivo nacional, dando paso a otros programas que poco a poco iban mostrando el desarrollo de la industria televisiva a nivel internacional.

Así pues han pasado cincuenta años, en donde indudablemente la televisión ha sido parte fundamental de nuestras vidas.  En ese medio siglo, hemos visto una enorme transformación en la televisión, de tal manera que los programas que nos ofrece en estos tiempos, nos dejan con la boca abierta a quienes nos emocionaban las simples historias de un perro, un caballo o un vaquero.  Las intrincadas tramas que parecen provocar una meningitis a los equipos de escritores (en algunos casos veinte por serie) que se encargan de escribir los argumentos de las series de la televisión contemporánea, son realmente sorprendentes.  Desde las intrigas legales de Damages, hasta las derivaciones de la física cuántica en Flash Forward, pasando por una antología del Journal of the American Medicine Association en E.R.

De la misma manera en que vemos aquel niño que recién empezaba a caminar en 1960 y ahora nos sorprende con canas en sus cabellos y llevando de la mano a un nieto, nos maravillamos ante un televisor de plasma que amenaza con traernos la tecnología 3D y más de 100 canales a nuestra disposición, siempre que alcancemos a tener el control del control remoto, valga la redundancia y que Telcor no decida encadenar el espectro del cable para ofrecernos Plaza Sésamo.

Hubo una época en nuestras vidas en que cada vez que escuchábamos a Carlos Gardel cantar: …Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada…, pensábamos, -Cómo es eso de que veinte años no es nada.  Ahora, simplemente nos resignamos a pensar que cincuenta años, tampoco.

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