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Aquel solar de Monimbó

CAMILO ZAPATA

Los viajes que en mi niñez realizaba a Masaya estaban envueltos de una singular emoción  Para mí era una experiencia sin igual visitar aquella ciudad misteriosa y efervescente, contagiado de la euforia de mi abuela cuando volvía a su terruño.  En medio de una polvareda divisábamos Monimbó, que nos anunciaba que estábamos entrando a Masaya.  Aquello era una acuarela primitivista con chozas de paja, niños desnudos correteando por los alrededores y yo buscando en el trayecto el solar en donde se suponía bailaba Doña Inés.   Y es que El solar de Monimbó se pierde en lo más recóndito de mi memoria, pues desde que logro recordar, esa son ya estaba ahí, era parte íntegra de mi niñez al igual que la policromía del reflejo del sol en la colección de botellas de mi abuelo y el aroma del jardín de mi abuela  que adornaban las escenas de aquel maravilloso mundo.

Cuando llegué a dominar el habla era un reto para mí tratar de cantar El solar, pues aunque podía repetir las dos primeras estrofas aun sin comprender el significado de encinta o las implicaciones picarescas de Don Rodrigo y su zapateado por detrás, a la hora de llegar a la tercera estrofa me perdía completamente, pues en la versión que conocía, era una retahíla que desembocaba en verdaderas galimatías.  De manera que esta forma de cantar llegó a ser lo más natural para mí.  El nandaimeño era un son predilecto de mi tío Emilio y sucedía lo mismo, pues iniciaba con la retahíla que estaba en chino para mí y luego venía la contradicción conceptual pues me preguntaba cómo alguien podía ser granadino habiendo nacido en Nandaime, cuando lo lógico era que fuera nandaimeño y no fue sino hasta que internalicé el concepto de división política, al estudiar geografía de Nicaragua, que entendí el asunto.

En ese tiempo tampoco sabía que esos sones tenían autor, pues al igual que aquellos atardeceres que parecían chichitotes al vuelo o el aroma del cafetal, estuvieron siempre ahí, sin preguntarme yo de dónde venían.  Tampoco sabía que el son nica había sido inventado pues era una música que siempre había escuchado.  Así que fue mucho tiempo después, cuando comprendí que la música venía del trabajo incansable, la inspiración y la creatividad de un autor que llegué a conocer de la existencia de Camilo Zapata.  Supe que fue quien creó el son nica y además que había compuesto El solar de Monimbó, el Nandaimeño, Caballito Chontaleño y tantas más.

Muchos años después, cuando vivíamos en el Callejón de Alí Babá en Managua, mi hermano Eduardo estaba aprendiendo a tocar guitarra y una de sus primeras canciones que dominó fue Flor de mi colina y nos la recetaba mañana, tarde y noche, pero más que cansarnos, hacía que admiráramos más la música de este compositor.

A estas alturas del partido, cuando escucho El solar de Monimbó y El nandaimeño, inmediatamente me transporto a mi infancia, a los gratos recuerdos de mi abuela y mi tío Emilio.  No obstante, para mi gusto la mejor composición del creador del son nica es Minga Rosa Pineda que lleva ritmo, color y picardía únicos y creo firmemente que tan sólo esta canción le haría merecedor de la inmortalidad.

Tuve la suerte de conocer personalmente, aunque de manera fugaz, a Don Camilo Zapata.  En febrero de 2001 se inauguró el instituto que está junto a Plaza del Sol en Managua y muy acertadamente se le asignó el nombre de este gran compositor nacional.  Fue una ceremonia solemne con la presencia del Presidente de la República en turno, el Ministro de Educación y demás funcionarios del gobierno.  Don Camilo, muy emocionado recibió el merecido reconocimiento y mientras la mayoría de los políticos se dedicaban al figureo, yo aproveché para abordar a Don Camilo y conversar brevemente con él.  A diferencia de los “artistas” que miran al mortal hijo de vecino como si le fuera a mendigar un autógrafo, Don Camilo irradiaba esa humildad que Darío en La Cartuja puso como reina de pies blancos.  Le comenté sobre mis recuerdos de la infancia en torno a sus composiciones y él me platicó sobre las distintas emociones que habían dentro de algunas de sus composiciones.  De repente, tuvimos que despedirnos pues se llevaron al insigne músicopara una sesión de fotografías con los elegidos.

Este martes 23 de junio, el Padre del Son Nica abandonó este mundo, dejándonos un legado invaluable, un tesoro me atrevería a decir.  Nos heredó uno de los pilares fundamentales de nuestra identidad,  Nos enseñó a cantar con alma, vida y corazón. Descanse en paz Don Camilo.

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