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Nelson Pinedo

Por muchos años, por una u otra razón, el nombre de Somoza fue uno de los más pronunciados en Nicaragua.  Tal vez en estos dorados tiempos podría ser el de Ortega, toda vez que cada día son más quienes siguen con asiduidad mis escritos.  Sin embargo, es interesante saber que en cierta época hubo un nombre que le siguió muy de cerca al de Somoza, por su reiterada pronunciación de parte de los nicaragüenses y este fue: Nelson Pinedo.

Una proporción de quienes pronunciaban ese nombre se referían al cantante de origen colombiano y que ante un squezze play realizado en 1954 por Daniel Santos, ingresó a la Sonora Matancera para sustituirlo como cantante titular, habiendo grabado grandes éxitos como El muñeco de la ciudad, Bésame morenita, Quién será, Ya me voy pa´ La Habana, La esquina del movimiento, entre otros.  No obstante, una gran proporción de conciudadanos utilizaba ese nombre como una forma coloquial para decir: no.

La negación para los nicaragüenses, al igual que para todos los hispano parlantes es algo complejo, pues no sólo expresa un enunciado, sino también rechazo, oposición, énfasis, así como en muchos casos la negación no llega a ser lo contrario de la afirmación.

Generalmente el nicaragüense es enfático para negar, especialmente cuando se le acusa de algo y surge por defecto una expresión categórica: jamás de los jamases.  Sin embargo, muchas veces dentro del énfasis que utiliza para negar algo, recurre al argot, como para dejar una puerta abierta, como si el tono jocoso de su negación lo pudiera proteger de cualquier equivocación.  De esta forma se vino a deformar el vocablo no, hacia formas como: niguas, nanay, naranjas chinandeganas y del habla coloquial mexicana es posible que se hubiera importado: nel que en ese país se acompañaba de pastel, para reforzar la rima.  Esta forma jocosa para negar se extendió hacia situaciones insospechadas, como por ejemplo cuando para denotar el tema tabú de la disfunción eréctil se utilizaba: Nicaragua-Paraguay.

Con la popularidad que adquirió la Sonora Matancera en los años cincuenta y parte de los sesenta, el nombre de ese cantante llegó a adquirir una mayor dimensión al utilizarse para negar algo.  Nelson Pineda, se escuchaba por todos lados, lo que hacía rivalizar a este cantante con los grandes de esa orquesta: Bienvenido Granda, Daniel Santos, Celio González y otros.

Lo interesante es que la negación adquiere otro nivel cuando se trata de alguna solicitud particular.  No es lo mismo que le pregunten a un nicaragüense sobre el paradero de alguien que le soliciten algo, dinero, algún favor o  cualquier cosa que afecte su peculio.  Entonces ahí la negación no puede ser categórica, ni siquiera con las formas coloquiales antes expuestas.  En esos casos, la frase más socorrida es: En otra pasadita.  Ahí, tanto el emisor como el receptor están plenamente conscientes de que se trata de algo definitivo y que la pasadita puede referirse al paso del Cometa Haley, sin embargo, al estar suavizada, el receptor no tiene otra alternativa más que apechugar.  Son muchos casos en que ante la solicitud de algún indigente, el interlocutor, con una cara de compungido, digna de Marga López en sus mejores momentos, le diga: -Perdone Señor, a lo que el otro le responde como una sentencia emitida por el Sanedrín: -Que te perdone Dios.

Cuando existe la confianza del caso y más que nada entereza, ante una solicitud lanzada a mansalva: -Hermanó, necesito 500 varas, entonces armándose de valor el otro lo parquea diciéndole: -Andá conseguite 1000 y me das 500 que yo también ando urgido de riales.  Si lo agarran en curva, es posible que el demandado no pueda evadir la solicitud al estilo Matrix, sino que abre un impase diciendo: -Veremos, aunque para sus adentros piense: -Dijo el ciego.

En la época actual es probable que muy poca gente utilice Nelson Pinedo para negar algo y en esas contadas ocasiones, probablemente la otra persona no le captará más que por el contexto en que se lo dicen, pues también son muy pocos los que saben algo de este gran cantante de la Sonora.  Parece ser que la forma coloquial de negación que subsiste, después de que se popularizó en los setenta es: never.  Se utiliza sola o completando never in the life.

En Nicaragua como en muchos países se viven tiempos difíciles y como lo sentenció un destacado político para cubrir los deslices de su voluntad: “La calle está dura”, por lo tanto, los ciudadanos deben de caminar con cautela, porque por cualquier lado alguien puede acecharlo con un bate de aluminio.  Así pues, poco a poco se va internalizando la necesidad de decir no, cuando hay decirlo y abandonar los paños tibios ante el temor de negar.  Muchos han recurrido a machetearse tratados completos sobre superación personal que insisten sobre la importancia de no decir sí cuando se quiere decir no.

Así pues, si algún domingo por la tarde va pasando por La Casa del Obrero, allá en la Calle Colón, junto al Estadio Nacional y escucha que de adentro sale una melodiosa voz que clama: Mírame, mírame, quiéreme, quiéreme, bésame morenita, que me estoy muriendo por esa boquita, tan jugosa y fresca, tan coloradita, como una manzana, dulce y madurita…, entonces ese es Nelson Pinedo, que ameniza el baile de los entusiastas de la tercera edad.   Como el propio cantante dijo: Ya ha llovido, hay almanaque, hay calendario, hay kilometraje, pero todavía hay carrocería.  Además, los muñecos de la ciudad le asegurarán que aquello de Nicaragua-Paraguay ya pasó a la historia con las pastillitas azules de Pelé.

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El genio José Feliciano

Hace un par de semanas, mientras muy temprano en la mañana realizaba mi rutina de ejercicios, que invariablemente acompaño con música, aburrido de las mismas grabaciones guardadas en el reproductor MP3 me cambié al radio para escuchar algo diferente.  En efecto, salieron algunos temas de actualidad entre ellos una especie de bolero.  Como al hacer ejercicio es más difícil el zapping con el radio, dejé el bolero, el cual parecía mezclado con bachata.  El tipo que inició la canción la interpretaba con un acento antillano demasiado marcado y con un tonito que parecía arrancado de un reggaetón.   Casi inmediatamente después escuché una voz que se me hizo conocida.  Dejé el tema sonando en el aparato y continué escuchando la interpretación y al aparecer el inconfundible timbre y maestría de una guitarra acústica llegué a confirmar mis sospechas.  Se trataba del magnífico cantante y guitarrista puertorriqueño José Feliciano.  Lo que no me explicaba era cómo el gran maestro Feliciano podía aparecer en una canción como esa.  Era como ver al gran Anthony Hopkins en un comercial del Gallo más Gallo.

Días más tarde, escuchando el radio del automóvil volvió a salir el bolerito aquel.  Le puse un poco más de cuidado y seguía sin entender cómo el gran artista, que ha logrado un nivel que pocos latinoamericanos ni siquiera han soñado, podía aparecer en aquella canción.  A pesar de que la melodía no estaba tan mal, pues le hicieron un arreglo bastante decente en donde se puede apreciar que el maestro Feliciano todavía domina la guitarra con excelencia, además que una sección de cuerdas le otorga cierto nivel de refinamiento.  Sin embargo, la letra se me hizo, en lo particular fatal.  Dentro de un esquema decimonónico en el cual el pretendiente de una muchacha tiene que negociar con el futuro suegro, la suerte de ella.  Por otra parte, los argumentos esgrimidos por el pretendiente parecen salidos de una novela de Corín Tellado: “ solamente una oportunidad le pido, ayer soñé con Cupido y espero no estar mal..”  Como decía mi tía Mélida:  “Las tres divinas personas”, tan sólo pensar en que una hija está en la mira de un tipo tan cursi es para morirse.  “no quielo que malintelplete, lo siento, solo vine aquí para podel decil su hija me gusta”

Lo peor, sin embargo, es lo que obligan a decir a Feliciano.  “Señorito, tome asiento y conversemos de una vez”, “con qué cara te atreves decir que te gusta mi hija, tienes agallas, yo la protejo más que a mi vida, ella es mi sangre y no quiero que sufra su madre no sabe de mi (¿?), yo no creo en el amor ni en el destino (???????)”.

Al tratar de averiguar más sobre esa inexplicable intervención de José Feliciano en el bolerito ese, encontré que fue un apoyo del Maestro a un compatriota suyo.  Se trata de un joven de 20 años, el cantautor puertorriqueño Carlos Reyes Rosado, conocido en el ambiente de la farándula como Faruko y que según sus cronistas, léase los de su disquera, es un talentoso artista con una versatilidad asombrosa, pues domina muchos géneros: reggaetón,  rap, hiphop, R&B, pop, bachata, bolero, mambo, vallenato, cumbia y sólo le faltaron las rancheras.   Para su lanzamiento como solista le han producido el álbum titulado: “El talento del bloque”, en donde se llega a adivinar que “bloque” tiene la acepción de cuadra, manzana y no del bloque de concreto, aunque pueden dejar eso a la imaginación.

Cuando leí lo de la supuesta versatilidad de este muchacho, recordé que si a alguien podría adjudicarse este concepto en toda su dimensión es precisamente a José Feliciano.   Escuché por primera vez a este gran artista allá por 1968 cuando todas las emisoras nacionales tocaban hasta el cansancio sus primeros dos éxitos, en la categoría de “cortapulsos”: La copa rota y Amor gitano, ambos boleros con altas dosis de dramatismo:  “No se apure compañero si me destrozo la boca, no se apure que es que quiero con el filo de esta copa borrar la huella de un beso traicionero que me dio”. “Toma este puñal, ábreme las venas, quiero desangrarme hasta que me muera, no quiero la vida, si he de verte ajena, pues sin tu cariño no vale la pena”.  Ambas canciones con un derroche de maestría en la interpretación de la guitarra.  Los comentarios que nos llegaban sobre este extraordinario cantante y guitarrista señalaban que era boricua y que era invidente, sin mayor información sobre su trayectoria.

Un poco después, mis hermanos y yo comenzamos a comprar asiduamente una revista mexicana llamada Pop, que traía noticias sobre la música moderna internacional y en un número se hablaba de que José Feliciano tenía dos grandes éxitos en las listas de popularidad en los EE. UU. Uno de ellos era el éxito de The Doors, Light my fire y otro era Hi heel sneakers, un blues de Tommy Tucker, que también habían interpretado Elvis Presley, Chuck Berry y muchos más, sin embargo, la versión de Feliciano tenía un toque que captó la preferencia de la audiencia norteamericana.  De esta manera José Feliciano se convirtió en un verdadero fenómeno, pues realmente era el primer latinoamericano que había roto una enorme barrera que existía para incursionar en la música norteamericana y lo había hecho con gran éxito.  Ahí fue donde me di cuenta que la familia de José Feliciano, emigró de Puerto Rico a Nueva York cuando este tenía cinco años y que mostró desde pequeño una extraordinaria facilidad para la música, aprendiendo varios instrumentos entre ellos la guitarra.

Así fue que desde fines de los sesenta, José Feliciano alternaba en la música romántica en español y en los géneros del rock, soul, R&B, en inglés.  En el año 1971 fue la sensación participando en el Festival de San Remo en donde interpretó, alternando con Richi e Poveri, el tema Che Sara, que inmediatamente fue traducido al español como Qué será, el cual alcanzó un gran éxito.   De esa manera se puede observar que a lo largo de su carrera musical ha abarcado toda la gama de ritmos en inglés, así como la música romántica en español y lo importante es que en ambos idiomas lo hace con un perfecto dominio de su pronunciación.  Cabe también destacar su virtuosismo en la guitarra en interpretaciones como El vuelo del abejorro de Rimsky Korsakov, que no es para cualquiera, Zorba el griego de Teodorakis que originalmente se interpreta con mandolina, Malagueña de Ernesto Lecuona o su reciente versión de The third man.

De sus éxitos en español, creo sin temor a equivocarme que hay un tema que sacó en los setentas y que al escucharlo son pocos los que se escapan a una erupción sentimental que hace estremecer al más valiente y me refiero al recordado tema:  Tú me haces falta.  O bien, la extraordinaria interpretación del tema de Carlos Santana, Samba pa´ti, un clásico instrumental el cual se atrevió a cantar, logrando una excepcional adaptación en donde aparece el propio Santana en un duelo entre guitarra acústica y guitarra eléctrica, toda una joya.  Luego, cada quien tendrá sus favoritas, de conformidad con los recuerdos ligados a cada una de ellas:  Usted, Miénteme, Ay cariño, Luz y sombra, Nosotros, Poquita fe, Regálame esta noche, Nuestro juramento, Dos cruces, Entrega total, Lágrimas negras, Para decir adiós, Cuando pienso en ti, Estoy perdido, Cómo fue, Una aventura más, Paso la vida pensando, Alma mía, Mis noches sin ti, Cenizas, Cuando el amor e acaba, Celos de mi guitarra, Contigo en la distancia, De cigarro en cigarro, Después de ti qué, El cóndor pasa, En Aranjuez con tu amor, La barca, Tengo que decirte algo, Qué voy a hacer sin ti, Me has echado al olvido, No podrás olvidar, Por ella, Por mujeres como tú, Regálame esta noche, Si me comprendieras, Un amor así, Tú me acostumbraste, Volveré alguna vez, Yo lo comprendo, entre otras.

O bien en inglés, Ain´t, no sunshine when she´s gone, A man and a woman, Always something there to remind me, Blackbird, California Dreming, Billy Jean, By the time I get to Phoenix, Chico and The Man,  Affirmation, Daniel, Daytime dreams, Don´t let the sun catch you crying, Hey baby, Hey Jude, I can´t get no satisfaction, I feel fine, The second that emotion, Norwegian wood, My sweet Lord, Queen of my heart, Sad boy, In my life, Help, A day in a life, Since I met you baby, Softly as I leave you, Strangers in the night, The windmills of your mind, Walk right in, Wild world, You´re the girl I love.  En lo particular yo prefiero un tema de Neil Diamond que está escrito en un ritmo parecido al huapango y en donde Feliciano logra una magnífica interpretación: Play me.

También puede observarse alternar en los dos idiomas en su clásica interpretación del tema de su autoría: Feliz Navidad, que invariablemente vuelve a sonar en cada temporada navideña.  Otro aspecto relevante en José Feliciano es su genial sentido del humor y si quieren una muestra de ello, pueden observar cuidadosamente la introducción al dueto de Tengo que decirte algo, con Gloria Stefan, en donde deja speachless a la cantante.


Es enorme la cantidad de premios y reconocimientos alcanzados por este gran artista, basta acotar que tiene en su haber una impresionante cantidad de premios Grammy,  11 nominaciones y 8 estatuillas, acreedor por cinco años consecutivos del premio Mejor guitarrista pop, de parte de la revista Guitar Player, así como un reconocimiento de parte de su natal Puerto Rico como “Un puertorriqueño para la historia”, además de haber tocado con las principales orquestas sinfónicas del mundo.  En cierta ocasión el propio John Lennon afirmó que algunas de las canciones de los Beatles las prefería en la interpretación de Feliciano y fueron varias de sus canciones en las que aparece este gran artista interpretando la guitarra.

Después de repasar la impresionante carrera de este gran artista, no me queda más que afirmar que este Señor puede darse el lujo de cantar lo que quiera y con quien quiera, así que si en su afán de ayudar a su compatriota, humildemente se agacha para interpretar una canción que indudablemente no está a su altura, se le perdona.  Es más podría bajarse al chinamo para interpretar una cumbia con Gustavo Leytón y tendría nuestra más amplia indulgencia.

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El amor, triste y azul

Para 1968 estábamos sumergidos en la música rock.  Los Beatles estaban en su pleno apogeo y ese año habían lanzado Revolution y Hey Jude.  El movimiento hippie se había masificado en los Estados Unidos y el resto del mundo imitaba alguna de sus características, entre ellas la vestimenta, así como la música, que desembocó en el legendario concierto de Woodstock el siguiente año.   Grupos como The Doors, Steppenwolf, The Who, The Box Tops, Tommy James & The Shondells, The Monkees, Sly & The Family Stone, The Lemon Pipers, The Temptations, The Rolling Stones, Erick Burdon & The Animals, Cream, The Beach Boys, The Cowsills y varios más dominaban la escena de la música popular en inglés, aunque de vez en cuando aparecían éxitos que se apartaban de la corriente musical dominante.

 

A finales de ese año, nos llegó un tema, proveniente de los Estados Unidos en donde había ocupado el primer lugar de los hit parades por varias semanas y que realmente llegó al corazón de la audiencia nicaragüense.  Se trataba de Love is blue, interpretado por el pianista, arreglista y director francés Paul Mauriat y su gran orquesta.  En español la canción fue bautizada como El amor es triste y a pesar de que la versión de Mauriat era instrumental, la profundidad de la melodía conducía invariablemente hacia esa esencia del amor que produce una sensación de tristeza.  Hay que recordar que íbamos rumbo a los veinte años y nuestros corazones, por no decir toda nuestra producción de hormonas, eran como la planta nuclear de Fukushima. El tema estaba impecablemente interpretado y mantenía un estilo bastante depurado con un aire clásico.  En los Estados Unidos había sido clasificado dentro del rubro “Easy Listening” y en ese momento logró, momentáneamente, hacer a un lado a Ray Conniff, dueño y señor en ese entonces de esa categoría.

 

La canción, sin embargo, era un cover de un tema que tenía su historia.  La original había sido compuesta por el músico y director francés, André Popp, con letra de Pierre Cour para el Festival de Eurovisión de 1967, bajo el título L´amour est bleu.  La canción representó a Luxemburgo y fue interpretada en francés por la cantante Vicky Leandros, de origen griego y radicada en Alemania.   La canción no triunfó en el festival, el cual fue ganado por el tema inglés Marionetas en la cuerda.

 

El sello Philips le solicitó a Paul Mauriat realizar una versión instrumental de esa canción y a pesar de que Mauriat no estaba entusiasmado con la idea, al final aceptó grabarla.  El tema obtuvo un modesto éxito en Francia y fue gracias a un disc jockey de Minneapolis en los Estados Unidos quien descubrió la versión de Mauriat y empezó a radiarla que al poco tiempo la audiencia empezó a pedirla insistentemente, alcanzando el primer lugar de los charts por varias semanas consecutivas.  Era algo inusual para un tema instrumental, pues no se miraba algo igual desde el éxito de Telstar con The Tornados en 1962, éxito del cual posteriormente The Ventures sacaron un cover, para mi gusto mejor que el original y que muchos recordarán como el tema de “El programa de la juventud” de Radio Católica a mediados de los sesenta.

 

Para nosotros Paul Mauriat era completamente desconocido, a pesar de que en Francia tenía una larga carrera musical, pues desde pequeño estuvo dedicado a la música y había trabajado con artistas de la talla de Maurice Chevalier y Charles Aznavour.  De vez en cuando componía y grababa temas bajo cualquier seudónimo y uno de esos temas grabado originalmente con el título de Chariots, luego se convirtió luego en I will follow him, interpretado por Petula Clark y posteriormente por Little Peggy March quien la lanzó a un éxito arrollador en los Estados Unidos.  Dicho tema se conoció en español como Yo la seguiré, mismo que fue interpretado por varios artistas del momento como Emily Cranz y Enrique Guzmán; Angélica María sacó una versión muy buena bajo el título de Chariot.  A inicios de los noventa, una película de Whoopi Goldberg, “Una monja de cuidado” (Sister Act) volvió a resucitar el tema, con buen suceso.

 

En cuanto a El amor es triste, cabe decir que ninguna de las versiones del tema pudo superar a la interpretación de Paul Mauriat, aun considerando que las versiones cantadas, en francés e inglés jugaban con los colores asociados a las distintas facetas del amor, agregando que en inglés también tiene la acepción de triste o melancólico, de ahí que el título en español fuera El amor es triste, un tanto más apegado a la característica del tema.  Las versiones vocales fueron muchas, desde Frank Sinatra hasta Raphael quien la canta en su película El golfo.

 

Cabe agregar que Paul Mauriat no volvió a alcanzar el éxito que obtuvo con El amor es triste, salvo tal vez por el tema El amor en cada habitación, que también tuvo una buena aceptación pero nunca como el primero.  Lo curioso es que la música de Paul Mauriat obtuvo un éxito inusual en Japón, en donde el director ofreció cerca de mil conciertos a lo largo de toda su carrera, así mismo, cuando finalizó su contrato con el sello Philips, firmó con el sello japonés Pony Canyon.    Cuando sintió que era tiempo de retirarse, Mauriat seleccionó a la ciudad de Osaka, Japón, como el lugar para ofrecer su último concierto en 1998, ocho años antes de fallecer en su natal Francia.

 

Después de que El amor es triste inundó las ondas hertzianas de Nicaragua por un buen rato, en 1969 poco a poco se fue difuminando para dar paso a los nuevos éxitos.  Los Beatles lanzaron Get back, que fue el preludio de su separación y el rock en general volvió a adueñarse de las preferencias nacionales.

 

Los “jóvenes” que ya han rebasado la barrera del medio siglo, sin duda alguna recordarán El amor es triste y seguramente estará asociada al recuerdo de algún amor posible o imposible.  Se trata de un tema que a diferencia de muchos de los éxitos de esa época, no se escucha en los programas nostálgicos de la radiodifusión nacional.

 

Así que ahora, que el gris autumnal se cierne sobre nuestras cabezas, en alguna pálida tarde, tal vez podríamos recordar con el fondo musical del maestro Mauriat a los extraordinarios versos de El Vate: “y yo tenía entonces clavadas las pupilas en el azul; y en mis ardientes manos se posó mi cabeza pensativa…”

 

 

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Una buena amistad vale oro

Hace algunas semanas se originó en Nicaragua un pequeño escándalo en torno a un comercial de la Cerveza Toña.  Dicho comercial, con el ánimo de resaltar el nacionalismo de sus consumidores nicaragüenses, en especial a raíz del conflicto limítrofe con Costa Rica, presenta imágenes de carácter folklórico con un son nica de fondo que insiste: “como mi tierra, no hay dos…”  Esto no tendría nada de particular si no hubiera sido que ha salido a la luz que el citado comercial fue grabado en Costa Rica, con “actores” y técnicos ticos.  Así pues, la “belleza trigueña que no anda con cuentos” que observamos en el comercial, salta a la vista que no tiene nada que ver con la belleza de las nicas.  Existe la posibilidad de que el comercial haya sido doblado, así pues no es remoto que en el original los “actores” hayan dicho horrhhorhess.

Los encargados de mercadeo de la cervecería salieron a la defensa de su decisión argumentando que en Nicaragua no existían los recursos técnicos para realizar el comercial y de haberse producido acá, los costos se hubieran elevado significativamente.

Esto me trajo a la mente la época en que se produjo uno de los mejores comerciales nicaragüenses de toda la historia de la publicidad nacional.  Fue hace cuarenta años, en el inicio de los años setenta cuando la Compañía Licorera de Nicaragua sintió que sus rones “añejados” clásicos, el Flor de Caña etiqueta negra y el etiqueta roja, estaban posicionados muy frágilmente en el mercado, pues ya habían sufrido los embates de la competencia con el ron Carta Vieja importado de Panamá, así como el Ron Conquistador.  Entonces, encargó a su químico estrella, el Ing. Guillermo Ramírez Baltodano, que trabajara en un ron que estuviera acorde con los aires de modernidad que soplaban en esa época.

El Ing. Ramírez, jinotepino e ingeniero químico graduado en México, conocido cariñosamente como Pitusín, era amigo y paciente de mi padre y siempre le estaba llevando muestras de obsequio, ya fueran rones secos, extrasecos, de cuerpo medio e incluso unas muestras de vodka, mucho antes que salieran al mercado, incluso, el ensayo del ron superior de la Flor de Caña.  Según mi padre Pitusín era un químico de renombre a nivel latinoamericano y era el verdadero creador del Flor de Caña.

De esta forma, el mago de la Flor de Caña concibió y trajo al mundo al Ron Flor de Caña “Oro” y la compañía licorera decidió lanzarlo al mercado con pompa y circunstancia, a través de una campaña publicitaria que colocara al producto en primer lugar de las preferencias nacionales.

Así fue que a finales de 1971, en la televisión principalmente, comenzó la mencionada campaña, con un comercial que constituyó un verdadero hito en la historia de la publicidad nicaragüense.  Lo primero que impactaba del comercial era la música.  Como no se trataba de promover ningún nacionalismo en esa época, no se recurrió a música vernácula, sino que fue a través de un bossa nova, que era el ritmo que sacudió a todo el mundo en la segunda parte de la década de los sesenta.  Un piano entraba con un ritmo sabroso y tranquilizante y luego una voz en off afirmaba de manera convincente: “Una buena amistad vale oro”.  Inmediatamente después aparecía una joven que irradiaba sensualidad, con una sonrisa que invitaba a la amistad y en una mano sostenía un vaso con un cocktail de lo que supuestamente era el nuevo Flor de Caña “Oro”.  Luego la voz en off señalaba las principales bondades del ron, mientras la cámara continuaba mostrando la beldad que sentada, no recuerdo si era una hamaca o una silla de playa, pero que en su conjunto el comercial empujaba prácticamente al consumidor a probar el nuevo ron.

El comercial descansó en tres elementos básicos, en primer lugar, la música, pues el bossa nova es un ritmo que invita a disfrutar una buena bebida en un ambiente relax, que provoca saborearla lentamente.  El segundo elemento era la amistad, pues para disfrutar unos tragos platicados, nada mejor que los buenos amigos que en un ambiente de cordialidad refrendan sus lazos de amistad.  El tercer elemento era la belleza de la joven del comercial que sin decir palabra alguna, con su figura y su extraordinaria sonrisa remataba la invitación a saborear el nuevo ron.

La muchacha en cuestión era una joven de apellido Bello Abaunza, prima de mis dilectos amigos los hermanos Robleto Abaunza y que de vez en cuando visitaba a sus primos en el pueblo.  Cabe aclarar que su prima Inmaculada Robleto, no se quedaba atrás en belleza y también ella pudo haber modelado para el comercial con igual éxito.  Ambas eran dignas representantes de la belleza nicaragüense.

Sobre el tema que servía de fondo, a pesar de que fácilmente podía identificarse como un bossa nova, en ese tiempo yo desconocía mucho de lo concerniente a ese movimiento musical, salvo tal vez los pocos éxitos que nos llegaron:  La chica de Ipanema, Meditación y unos cuantos más que eran las de clavar para iniciar las fiestas.  No conocía la obra de Jobin ni la de los grandes exponentes de esta música.  Sinceramente creí en ese tiempo, que el tema del comercial había sido compuesto especialmente para esa ocasión.

No fue sino hasta unos trece años más tarde, viviendo en México que curioseando por una discoteca del Distrito Federal miré un casette que estaba en promoción.  La portada mostraba una jirafa corriendo, con un cielo color verde y una pradera color azul, con una leyenda que decía Antonio Carlos Jobin: Wave.  Sin pensarlo mucho lo compré y cual no sería mi sorpresa cuando al escuchar el tema principal y que daba su nombre al álbum, Wave, resultó ser el tema de aquel comercial del Flor de Caña Oro.  Como referencia me di cuenta que dicho álbum había salido a la luz desde 1967.  No podría describir la emoción que sentí al transportarme a los dorados tiempos en el terruño y aquel comercial que puso a soñar a tanta gente.  Se convirtió en uno de mis temas favoritos y hurgando en su letra, en otras versiones cantadas, encontré una estrofa que le daba más sentido a aquel comercial y que decía: “es imposible ser feliz solito” con la salvedad que en portugués “sozinho” tiene mucho más fuerza.

Respecto a la Flor de Caña Oro, debo ser honesto, pues el lanzamiento de ese ron ocurrió cuando yo estaba metido de lleno en el equipo de atletismo que dirigía Istvan Hidvegi, quien demandaba de sus discípulos una disciplina férrea con renuncias casi  como de monje de La Cartuja.  Cuando por motivos del terremoto de 1972 dejé el equipo de atletismo e ingresé a trabajar al Banco Nacional, como una forma de fomentar la recuperación de pequeños negocios, en especial la de los bares, los miembros de la División Industrial visitábamos regularmente estos lugares para, además, estrechar los lazos de amistad entre los funcionarios y técnicos de esa División y desde luego, el trago más solicitado era el Flor de Caña Oro.  Más que el sabor del multi promocionado ron, quedaron en mi memoria los gratos momentos con la compañía de tantos amigos: Arturo Vaughan, Róger Arteaga, Marcio Berríos, Max Hurtado, Orlando Falla, Luis Rodríguez, Carlos Gutiérrez, Mario Duarte, Magaly Pérez, Ena Bendaña, Edgardo Pérez y varios más.

Cuarenta años después las cosas han cambiado sensiblemente.  Muchos de los amigos de aquella época se nos han adelantado.  Jobin falleció en 1994 y a inicios de este 2011 se presentó ante el Creador el gran Pitusín Ramírez.  La publicidad en Nicaragua emite ciertos estertores y esto se puede ver a través de la mayoría de las campañas publicitarias actuales.  Si no lo cree, observe la campaña de Yota y la de Tang Cebada.

El Ron Flor de Caña Oro ha logrado sobrevivir y el grupo Pellas se ha encargado de fabricarle una imagen de excelencia internacional y hasta contrató a un especialista para que diseñara una descripción del producto que pregona que cuenta con un cuerpo medio, ámbar dorado con un bouquet de vainilla y con entrada al paladar suave, dando paso a un paladar redondo, seco, con sabor a caramelo, caña de azúcar y sabores de especias picantes, terminando con un toque de coco tostado y pimienta.  Reflauta diría Condorito, no en balde ha ganado más medallas que un santo de pueblo.

Yo me he vuelto más exigente en cuanto a los tragos, será que mi hígado está más pateado que una pelota de fut en patio brasileño, así que el Ron Flor de Caña Oro, lo que me deja en la boca es un sabor a moneda de a chelín, que luego da paso a un paladar obtuso, con sabores de níspero y culantro y la goma ni se diga.

Lo que se mantiene incólume a través del tiempo es esa sabia frase del comercial: “Una buena amistad vale oro”, así que cada vez que me tomo una licencia para echarme un trago, lo hago preferiblemente con el fondo de la música de Jobin y a lo interno, hago un brindis por todas aquellas nobles personas que me han distinguido con su amistad, no importa que pase el tiempo y ahora sean, al igual que la chica del comercial, venerables abuelitos y abuelitas.

Enlace a Wave de Antonio Carlos Jobin

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El último romántico

 

Era el año de 1970, tal vez por marzo o abril, cuando un canal de televisión, no recuerdo bien si el canal 6 o su competencia el canal 2, anunció que trasmitiría el Festival de San Remo 1970, mismo que se había efectuado a finales de febrero de ese año.  En nuestra casa nos entusiasmamos porque era la primera vez que trasmitirían ese festival, aunque un poco desfasado, pero algo era algo, pues en años anteriores sólo tuvimos acceso a algunos fragmentos que habían sido trasmitidos por radio.  Ya el Festival tenía cierta fama en el país, desde que Roberto Carlos ganara en 1968 el primer lugar junto con Sergio Endrigo con Canzone per te, aunque la canción de ese festival que tuvo éxito a nivel mundial fue Cuando me enamoro, habiéndonos llegado a Nicaragua a través de la versión en español de Angélica María.  Otras grandes canciones ganadoras de festivales anteriores habían llegado al país, pero no teníamos idea que provinieran de ese evento, como La hiedra, Azul pintado de azul, No tengo edad, entre otras.

El día de la transmisión del festival, todavía en blanco y negro, nos deleitamos con las más de dos horas del programa en donde tuvimos la oportunidad de ver la final de tan célebre evento.  Observamos que el primer lugar lo ganó la canción Chi no lavora non fa l´amore, interpretada por Adriano Celentano y Claudia Mori.  Es importante aclarar que el Festival de San Remo, que lleva por nombre oficial Festival de la Canción Italiana, premia a las mejores canciones de ese país, no tanto al intérprete, pues participaban dos artistas que cantaban su propia versión del mismo tema.  La canción de Celentano se nos hizo demasiado extraña para lo que conocíamos de la canción italiana, en cambio el tema que cautivó a toda la audiencia nacional fue la canción ganadora del segundo lugar y en especial la versión de uno de los dos intérpretes que era un joven que tenía una poderosa y viril voz y que a la vez le imprimía un singular toque romántico al tema. La canción era La prima cosa bella, de una extremada sencillez, pero de un romanticismo escandaloso.  Los otros intérpretes del tema fueron Ricchi e poveri, un grupo que se caracterizaba en sus inicios por vestir dos de ellos con suma elegancia y los otros dos casi en harapos. A pesar del buen ensamble de sus voces, no llegaban a superar la interpretación de Nicola Di Bari, que además era el autor de la música.  El joven cantante había llegado al festival por pura casualidad pues el tema estaba destinado a ser cantado por Gianni Morandi, aquel intérprete de No soy digno de tí, sin embargo éste se echó para atrás a última hora, por lo que Nicola tuvo que entrar al quite y reemplazarlo en la interpretación.

La discográfica del festival, la RCA, encontró en la interpretación de Di Bari una enorme veta para su mercado hispanoamericano, de tal manera que trabajó de urgencia una traducción al español de La prima cosa bella y con ciertos atropellos en la misma, la lanzó en un sencillo que antes de que finalizara el año ocupaba los primeros lugares de venta en la región y alcanzaba la cima de los hit parade.  En Nicaragua, la canción se apoderó inmediatamente del gusto popular y se escuchaba mañana, tarde y noche.  Las clásicas serenatas con música de tríos, fueron transformadas al incluir La primera cosa bella como primera selección.  En ese tiempo, mis hermanos comenzaban a descobijar los secretos de la guitarra y esa canción, por su sencillez, se prestaba para sus primeros pasos, así que no era remoto observar que en el Callejón de Alí Babá en Managua, flotaba de manera perenne la canción de Nicola Di Bari, con especial énfasis en aquella parte que decía: “no se tocar siquiera, esta es la vez primera”.

En el festival de San Remo 1971, Nicola Di Bari logró llevar al primer lugar, junto a la afamada cantante Nada, al tema El corazón es un gitano.  El segundo lugar lo ocupó Qué será, interpretada por José Feliciano y Ricchi e Poveri y el tercer lugar 4/3/43 a cargo de Lucio Dalla y Equipe 84.  Celentano en esa ocasión tuvo que conformarse con quedar entre los finalistas.  Esa vez la disquera tuvo una visión más ambiciosa, seleccionó las canciones más susceptibles de ser traducidas al español y produjo un álbum entero dirigido al mercado hispanoamericano, a la par del sencillo de El corazón es un gitano a cargo de Nicola Di Bari.  El éxito fue arrollador, en especial el sencillo de la canción ganadora que rápidamente se colocó en los primeros lugares de venta y en las radiodifusoras también arrasó en los hit parade.  En nuestra casa llegó el álbum con los mejores éxitos de San Remo 1971, más bien los temas que RCA pudo traducir, a su manera, en donde disfrutamos repetidamente y cuando digo repetidamente era al estilo de canción nueva en la roconola del Salón Rosado, pues creo que al final resultó rayado de tanto ejecutarse.  Además de El corazón es un gitano, estaba la versión de José Feliciano de Qué Será, 4/3/1943 o Un hombre llamado Jesús, a cargo de Lucio Dalla,  Cómo estás, en la voz del legendario Domenico Modugno, Como es dulce la tarde, a cargo de Donatello, Blancos cristales serenos, a cargo de Claudio Baglioni, Historia de hoy, con Al Bano, Rosas en la oscuridad a cargo de Ada Mori, Ninna nanna con el conjunto Capitolo VI con la fabulosa voz de Riccardo Bartolotti, El último romántico con Peppino di Capri, Una historia en la voz de Sergio Endrigo, Una sonrisa el paraíso con Sergio Menegale, La bofetada a cargo del conjunto Gens, aunque no fue finalista.  Como ipegüe, el álbum traía una interpretación instrumental de José Feliciano luciendo su guitarra.

Cuando llegó 1972, Nicola Di Bari era todo un ídolo para la audiencia nicaragüense, aunque debido a las limitaciones en las comunicaciones de esa época, muy poco se sabía acerca de él, más allá de su nombre, alguna que otra foto y los éxitos de los últimos dos años.  Casi nadie sabía que su verdadero nombre era Michele Scommegna y que era originario de una pequeña comunidad del sur de Italia llamada Zapponeta.  Llevaba varios años apostándole al canto y a pesar de que no había tenido el éxito deseado, su tremenda voz y su tenacidad lo mantuvieron siempre en la lid, participando incluso un par de veces sin mucho suceso, en el Festival de San Remo .  Entre los temas que lanzó, sin obtener el reconocimiento que merecía, destaca una versión en italiano de la canción que Charles Chaplin utilizó en su película Candilejas, con el título de Eternamente, en donde con su particular voz hace resaltar esta impresionante canción.

No fue pues ninguna sorpresa que Nicola Di Bari ganara el primer lugar del Festival de San Remo 1972 con la canción Los días del arcoíris.  En esa ocasión sólo se presentó un intérprete por canción.  El segundo lugar lo ocupó la canción Como violetas en la voz de Pepinno Gagliardi y el tercer lugar El rey de oros a cargo de Nada.  Es interesante el hecho de que en ese festival Roberto Carlos participó con el tema, Un gatto nel blu que no llegó a la final, pero que su versión es español, Un gato en la oscuridad, logró colocarse en los primeros lugares del gusto lationoamericano.  De igual manera, la RCA preparó de manera urgente, la producción de éxitos del festival en español, con los temas traducibles.  En nuestra casa nos turnábamos para buscar constantemente en las discotecas de Managua el Long Play, hasta que un día apareció y lo adquirimos de inmediato.  Lo particular de este álbum es que Nicola Di Bari, además de cantar Los días del arcoíris, también interpretó en español la canción Como violetas.  Huelga decir que ambos temas se colocaron en tiempo record en los primeros lugares de audiencia en Nicaragua. Al igual que el álbum anterior, disfrutamos al máximo el del festival de 1972, con las grandes canciones que traía, en especial, además de los tres primeros lugares mencionados, Piazza grande, en la voz de su autor Lucio Dalla, así como No quiero enamorarme más a cargo de Gianni Nazzaro, Amigos jamás con Rita Pavone y Gira el amor con Gigliola Cinquetti.

Ese mismo año, Nicola participó en el festival de Eurovisión con la misma canción Los días del arcoíris, sin embargo como decía la Pedrona: No tuvo éxito, pues apenas alcanzó el sexto lugar. No obstante, en ese mismo año, antes de San Remo había participado en el Festival Canzonissima ganando el primer lugar con el recordado tema: Chitarra suona piu piano.

Con una visión bastante clara de sus posibilidades en el mediano plazo, Nicola Di Bari y su disquera pusieron una mayor atención en el mercado hispanoamericano, preparando una serie de temas en español de todo el repertorio del cantante y encontrando una extraordinaria acogida, especialmente en América del Sur.  Este menester le aleja del Festival se San Remo por lo que no participa en 1973.  Regresa al Festival en 1974 con la canción Il matto del villagio, con la que tiene que conformarse con llegar a la final.

Por esa época Nicola decide cambiar de sello discográfico dejando la RCA y embarcándose en el sello Carosello cuyo catálogo sería adquirido por la WEA Italia.  Coincide lo anterior con un sensible declive de popularidad de Nicola en el gusto italiano, no obstante, el público latinoamericano todavía lo tiene entre sus más grandes ídolos, lo cual aprovecha el cantante para fortalecer dicho gusto, con giras de conciertos por las principales plazas.

En su discografía en español incluye temas que habían sido lanzados por otros artistas, pero que nunca habían estado disponibles para el público hispanoparlante, como es el caso de Un gran amor y nada más, Como violetas, Zíngara y especialmente El último romántico, que llegó a convertirse en el nombre con que se le conoce en muchos lugares de América Latina.  En su discografía también resaltan canciones inolvidables como Agnese, Trotamundos, Guitarra suena más bajo, Rosa, El corazón es un gitano, Los días del arcoíris, Sé que bebo sé que fumo, El amor te hace linda, Prueba a llamarme amor, De noche sale el sol, Qué difícil es, Por ejemplo, Yo te amo solo a tì, La paloma de papel, Lisa de ojos azules, Mi pueblo, Ojos claros, Lejos lejos, He sabido que te amaba, Cuerpo sin alma. También es importante resaltar que Di Bari supo seleccionar algunos temas latinoamericanos para incorporarlos a su repertorio, habiendo logrado magníficas versiones de La historia de un amor, del panameño Carlos Eleta Almarán, así como Mi viejo y Pedro Nadie de Piero.

Después de un efímero éxito en Italia en 1976 con la canción La più bella del mondo, en la cual Di Bari incursiona en la música disco, llega a opacarse dentro del ambiente musical italiano, dando paso a una nueva generación de cantantes con sus propuestas dentro de lo que se conoce como la música ligera italiana, entre ellos Umberto Tozzi, Patty Pravo, Toto Cotugno, Zucchero, Anna Oxa,  Loretta Goggi, Ricardo Cocciante, entre otros.  No obstante el público latinoamericano, siempre fiel, sigue entusiasmado con las presentaciones del Ultimo Romántico.

Actualmente Nicola Di Bari cuenta con 71 años y continua apareciendo en conciertos, principalmente en América del Sur y sigue trabajando en proyectos discográficos, aunque ya su voz no es la misma de su juventud, todavía le imprime un gran romanticismo a sus canciones, no obstante como dice Roberto Carlos: “No se arriesga en marcha suelta”.

Lo que es irrefutable es que Nicola Di Bari es un icono de la música romántica de fines del siglo pasado.  Muy pocos ciudadanos de entre 50 y 70 años pueden negar que la música de este cantante tiene un significado especial en sus vidas y cada vez que escuchen uno de sus temas, invariablemente viajarán a una época de oro.  Lo único que yo criticaría de su música es la calidad en las traducciones al español de muchas de sus canciones. Después de escuchar las versiones originales en italiano y captar la pletórica poesía que hay en muchas de ellas, no deja de asomarse cierta desilusión al observar la letra en español.  No obstante, nadie podría resistirse en una noche de insomnio a probar una copa de vino y escuchar al Ultimo Romántico, Nicola Di Bari, interpretar Guitarra suena más bajo.

 

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Stayin´alive…

Corría el año 1978 y la ciudad de Managua parecía surgir entre las cenizas.  Poco a poco el proceso de reconstrucción de la ciudad iba dándole un aspecto de vitalidad, moderna aunque desordenada y sus habitantes iban abandonado aquel miedo que se anidó en sus almas y que frecuentemente los hacía dormir en la calle, ante la eventualidad de un nuevo sismo.  Las luces mortecinas poco a poco fueron dando lugar al regreso del neón y la vida nocturna volvió por sus fueros.

El Centro Comercial Camino de Oriente inaugurado cuatro años atrás vino a convertirse en el nuevo centro de atracción de la ciudad, albergando un variopinto de negocios entre los que se destacaban dos salas gemelas de cine.  Aquella noche, en el Cinema 1 se agolpaba una nutrida concurrencia que poco a poco fue llenando la sala.  Con una ocupación del 70 por ciento se consideraba, para los estándares de la Managua de esa época, que el cine estaba de bote en bote.  Las luces del recinto se apagaron suavemente y la película anunciada empezó a proyectarse de inmediato.  En aquellos tiempos, no era de rigor como ahora, los diez o quince minutos de anuncios y trailers.    Un vagón del metro de Nueva York surgió en la pantalla y los créditos en rojo anunciaron la participación estelar de un actor, para la mayoría de la audiencia desconocido: John Travolta (casi nadie recordaba su aparición en “Carrie”) y de manera simultánea, la música de los Bee Gees, un tanto fuera de su tradicional estilo, pero con la inconfundible voz de Barry Gibb, inundó el cine.  El público empezó a moverse en sus asientos, mientras se anunciaba el título de la película “Saturday Night Fever” y la cámara seguía en una toma baja, casi al nivel del suelo, los zapatos de tacón color vino de Travolta contoneándose por las calles de Brooklyn, con un galón de pintura en la mano.  A medida que avanzaba el tema introductorio de la película, Stayin´alive, el público iba sintiendo cada vez más aquella atracción del nuevo estilo de los Bee Gees, grupo que para muchos ya había fenecido artísticamente.

Al final de la proyección el público abandonó la sala completamente satisfecho y se desparramó por el Centro Comercial buscando un sitio para comentar la película.  Algunos fueron al Topkapi, en donde servían una cerveza bien fría acompañadas de unas pequeñas enchiladas.  Los más elegantes se fueron a la Sala de Té Marçois que ofrecía el té helado en unos vasos altos y los acompañaban con sofisticados pasteles y quienes salieron con la comezón del baile se fueron a las dos discotecas del Centro, el Lobo Jack y El Infinito.

La película de John Badham definitivamente los había estremecido, al igual que sucedió en todo el mundo.  No obstante, los aspectos que mayor peso tuvieron en el gusto de los nicaragüenses fueron la sensacional intervención coreográfica de John Travolta y la inigualable música de los Bee Gees.  Esta simbiótica relación había logrado el éxito de la película y había fortalecido la cultura “disco”, si así podía llamarse.

En lo que tal vez no logró reparar a cabalidad el público nicaragüense fueron ciertos aspectos de fondo.  En primer lugar la película se había basado en un artículo del crítico inglés de rock Nik Cohn  publicado en el New York Times en 1976 llamado “Ritos tribales del sábado por la noche”, en donde describe la cultura disco de Nueva York a mediados de los años setenta y que muchos consideraban “underground”.  Por muchos años se creyó que el artículo era un reportaje basado en hechos reales, sin embargo, treinta años después el autor confesó que todo fue ficción, pues ajeno a la cultura neoyorkina se sacó el artículo de la manga.  La película sin embargo, logró describir con bastante realidad, la vida intranscendente de muchos jóvenes neoyorkinos y que en el baile de los sábados por la noche en las discotecas del rumbo, trataban de encontrar un escape, compitiendo por ser los mejores bailarines.

Por otra parte, la película fue la primera que utilizó el crudo lenguaje de la calle, con todas las procacidades posibles, lo que le valió la clasificación “R”, lo cual prácticamente se perdió en los subtítulos en español que seguían manejando una hipocresía manifiesta en la traducción.

Habría que admitir que la película tuvo un impacto tal que logró provocar grandes cambios en todos los ámbitos de la cultura.  Por una parte, vino a echarle la última palada de tierra al fallecido movimiento hippie, con todas sus manifestaciones, principalmente la moda.  Aquel estilo informal, tirándole a descuidado dio paso al regreso de la elegancia, especialmente en la indumentaria del varón, aunque esta vez con un tinte “chivesco” que resaltaba las camisas de seda apretadas al cuerpo y los trajes de poliéster, con pantalones ajustados arriba y ligeramente acampanados abajo, completados con zapatos con mínima plataforma y tacones.  El famoso traje blanco de John Travolta es un ejemplo clásico de lo anterior.

El cambio de una actitud contemplativa del hippismo hacia una nueva, un tanto agresiva, se reflejó en el baile, en donde aparecen figuras coreográficas con mayor grado de complejidad que aquel místico estilo del “Peace and love”.

En la música los Bee Gees lograron consolidar la nueva corriente musical que años antes iniciaron músicos como Leo Sayer, los Rolling Stones y otros.  Después de haber caído en un impase del cual muchos creyeron no iban a salir, el trío de los hermanos Gibb logró acaparar los primeros lugares de los hit parade de todo el mundo y de la misma forma, el álbum doble con el soundtrack de la película se ubicó en los top ten de todos los tiempos, incluyendo además los temas de David Shire, Yvonne Elliman, Kool & the Gang, The Trammps, K.C. and the Sunshine Band y Walter Murphy.

De cualquier manera, la película provocó que el mundo entero volteara su mirada hacia una juventud en constante evolución y en donde la rebeldía, con causa o sin ella, seguía siendo un motor importante.  El cine continuaría centrando su temática en la juventud, la música seguiría la senda marcada por los Bee Gees, dándole entrada a las dos divas de la música disco, Donna Summer y Gloria Gaynor.  Los jóvenes empezaron a vestir al estilo de Travolta, muchos de ellos imitando el contoneo de su paseo por Brooklyn.

En Nicaragua, sin embargo, esa chispa encendería una mecha con un destino completamente diferente.  El país vivía ese año el comienzo de una verdadera convulsión.  En enero de 1978 con el asesinato de Pedro Joaquín Chamorro explotaría una protesta generalizada en contra del Gobierno de Somoza, sospechoso de dicho asesinato y culpable mientras no se probara lo contrario.  Así pues, la fiebre por la música disco duraría muy poco.  Después de la presentación de Saturday Night Fever se multiplico la afluencia hacia Lobo Jack, El Infinito y una mini discoteca llamada Galería que quedaba en un pequeño centro comercial frente a Plaza España, en donde los Wong tuvieron un supermercado.  No obstante en lo efímero de este movimiento, los asistentes que querían ser émulos de John Travolta asistían con cierto miedo o cargo de conciencia, pues mientras ellos trataban de divertirse un tanto al estilo avestruz, en muchas partes del país se libraban duras batallas para sacudir la dictadura de Somoza.

De esta manera, todavía flotaba en el ambiente la gran nube levantada por Saturday Night Fever, la música de los Bee Gees, Donna Summer, Gloria Gaynor, la figura de John Travolta, haciendo el paso del reloj por la pista multicolores de la discoteca Odisea 2001, cuando los vientos del cambio soplaron tan fuerte que la borraron completamente de la noche a la mañana.

Quizá de cierta forma, muy en el inconsciente, quedó el espíritu de la película, aquel sueño de los jóvenes de Brooklyn de algún día poder cruzar el puente, es decir pasar de su barrio hacia Manhattan.  Lo interesante es que acá cada quien buscó su propio puente y su propio destino, algunos hacia el poder, otros hacia el dinero, otros hacia la libertad, donde quiera que estuvieran, no importa si lo que había después era un espejismo.

Pocos años después, se generó un movimiento mundial orientado a desmantelar la cultura disco, logrando desterrarla de la mente de sus seguidores.  Pero es interesante saber que después de treinta años, pareciera volver a renacer, al igual que muchas cosas, un poco lo que decía Blood sweat and tears: Spinning Wheel got to go round.

Por mi parte, desde hace algunos años cada vez que despierto y me veo frente al espejo, se me viene a la mente aquel estribillo de la canción introductoria de la película:  Stayin´alive, ah, ah, ah, ah, stayin´alive… Por lo menos por este día.

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El cover nuestro de cada día

Sería tal vez en los años noventa que el término cover vino a aposentarse en nuestro vocabulario musical.  El término proveniente del inglés significa una nueva versión respecto a un tema musical original.  Los puristas del lenguaje, enemigos acérrimos de los anglicismos prefieren utilizar “versión”, “nueva versión” o bien “tema versionado”, sin embargo, el anglicismo suena más contundente cuando se trata de resaltar que existió un tema original y que se trata de una otra interpretación, ya sea como un homenaje al autor o intérprete original, como una propuesta que resalta la creatividad o capacidad interpretativa del nuevo “versionista”, o bien para explotar alguna veta nostálgica.

Esta contundencia del anglicismo es importante puesto que en una época, los cover en español se camuflaban al amparo del reducido acceso de las audiencias de habla hispana al mercado musical extranjero, en especial el relativo a los Estados Unidos. En ningún momento se trataba de realizar un plagio, sin embargo, no era común aclarar que existía una versión original en otro idioma, simplemente los temas salían cubiertos de una aura de originalidad.  Podría decirse que la época dorada de estos cover fue durante el nacimiento del rock en español.  La inmensa mayoría de temas que nos llegaron de parte de los florecientes conjuntos de rock en español eran cover de los grandes éxitos del rock and roll norteamericano.

Entre los principales conjuntos mexicanos que practicaron el cover como una alternativa obligada, resaltan Los Teen Tops con su cantante estrella Enrique Guzmán, quienes alcanzaron la fama con éxitos como:  Rey criollo, Me quedé contigo, Quiero ser libre, La larguirucha Sally, Tutty Frutti, La plaga, Sigue llamando, Quién puso el bomp, Popotitos, Confidente de secundaria, Buen rock esta noche.  Mucho tiempo después nos fuimos desayunando que se trataba de los temas:  King creole, Stuck on you y I want to be free grabados por Elvis Presley, o bien, Long tall Sally, Tutty Frutti, Good golly Miss Molly y Keep knockin´ lanzados por Little Richard, Who put the bomp de Barry Mann, Bony Moronie de Larry Williams, High School Confidential de Jerry Lee Lewis o Good rockin´tonight de Ray Brown.

De la misma forma Los hermanos Carrión se hicieron de una envidiable carrera musical con Lindos ojos, que ya Steve Lawrence había grabado en 1959 bajo el nombre de Pretty blue eyes, Magia blanca que era el tema Devil woman del cantante de country Marty Robbins o bien Dulce Visión que no era más que el arrollador éxito de Ray Charles I can´t stop lovin´you.

Muchos recordarán el tema Fue en un café que interpretaron Los Apson (acrónimo de Agua Prieta, Sonora) y que se trataba del éxito Under the boardwalk de The Drifters, de la misma forma este grupo grabó No señor apache que fue un tema de Larry Verne llamada originalmente Please, Mr. Custer, así también como Sueña dulce nena que popularizara originalmente como Sweet dream baby el gran Roy Orbison.  En cada tema, Los Apson se adaptaban al estilo propio de la canción original.

En el corazón de muchos de los jóvenes de los años sesenta se encuentra incrustado el tema de Los rebeldes del rock, Cuando florezcan los manzanos en la voz de Johnny Laboriel y cuyo tema original tiene una interesante historia, pues fue compuesta en los años veinte por Albert von Tilzen y Neville Fleason, con el título original I´ll be with you in apple blossom time y a pesar de que tuvo innumerables versiones, su éxito arrollador lo alcanzó en la interpretación de The Andrew Sisters en la época de la Segunda Guerra Mundial y a finales de los sesenta el polémico actor y cantante Tab Hunter sacó una versión con un ritmo moderno que fue la que adaptaron Los rebeldes del rock.

En Nicaragua el cover fue siempre muy socorrido, tanto de versiones en inglés como de versiones en español, no obstante, podía observarse una de cal por tantas de arena, reconociendo que existieron temas originales de parte de los grupos nacionales como el caso de Anteojuda, Añoranza y Subiré de Polidecto Correa y los Polimusic, así como el emblemático Tema de William de Los Rockets.

Cuando los cantantes de los grupos de rock decidieron abandonar sus barcos y resaltar sus voces y sus nombres como solistas, el cover se consolidó bajo nuevas estrategias.  Era vital que el tiempo en que saliera el cover fuera extremadamente corto respecto a la fecha de lanzamiento del éxito original.  Si pasaba mucho tiempo y el responsable del éxito original era reconocido fuera de su país, menos probabilidades de suceso tendría el cover.  Otro factor clave era el arreglo, para lo cual, un director o arreglista debía estudiar rápidamente el tema original, hacer una adaptación a la medida del cantante del cover y si era posible, mejorar el arreglo original.

Podría decirse que el maestro del cover fue Enrique Guzmán y la clave de su éxito se lo debe, en mi opinión personal al gran maestro arreglista de origen norteamericano Chuck Anderson, además de cierta ayudadita que le daban los técnicos de grabación de la CBS, al superar las limitaciones vocales del artista en ciertos temas.  Yo me atrevería a decir que algunos arreglos del maestro Anderson, superaron a los arreglos originales.  Algunos temas se identificaron inmediatamente como cover, como es el caso de Tu cabeza en mi hombro, pues ya Paul Anka la había internacionalizado previamente, así como Las hojas muertas que era un tema francés conocido a nivel mundial.  Sin embargo, muchos temas es la fecha y muchos no saben que se tratan de cover de éxitos norteamericanos e incluso europeos.  El tema Lo sé fue lanzado por P.J. Proby con el título I will, Secretamente fue conocido en 1958 como Secretely en la voz de Jimmy Rogers, Gracias por el recuerdo que interpretaran Bob Hope y Shirley Ross en la película “The big broadcas of 1938”, Oye, que bajo el título Hey there, Rosemary Clooney y Sammy Davis pusieron sendas versiones en los primeros lugares de audiencia a mediados de los cincuenta.  El éxito de Guzmán Dame Felicidad fue tomado del éxito de Johnny Preston Free me y es donde se observa claramente que Chuck Anderson logró un arreglo que superó al original.  El popular tema Payasito no es otra cosa que un cover de Ponchinello, un tema un tanto desconocido de Frankie Avalon.  Un caso curioso lo constituye el tema Cien kilos de barro que Guzmán, o mejor dicho la CBS escogió como cover del éxito de Gene Mc. Daniel, 100 pounds of clay y que se refiere a la creación de Eva por el Supremo Creador, sin embargo la unidad de medida vino a causar cierta contradicción pues no es lo mismo cien libras que cien kilos y a pesar de que en la letra de la canción en español no se menciona la cantidad, como sucede en la versión original en inglés, el título ni pudo ser adaptado a libras ni convertido en kilos a la mitad.

Un tremendo gol de Enrique Guzmán lo constituye la dupleta de éxitos que lanzó en 1962 acompañado nuevamente con los Teen Tops, Pensaba en ti y Anoche no dormí.  Supuestamente Pensaba en ti es de la autoría de Guzmán, que escribió para una novia que tenía de nombre Mercedes, sin embargo, Anoche no dormí es un cover del tema de Neil Sedaka: Another sleepless night.  Ambas canciones guardan cierto paralelismo musical, de tal forma que pareciera que Pensaba en ti hubiese sido compuesta con base en el tema de Sedaka.  Ambas canciones lograron un enorme éxito que todavía es recordado, aunque muchos creen que ambas temas son de la autoría de Guzmán.

Otro cantante mexicano de los sesenta que se aferró fuertemente al cover fue César Costa, después de haber logrado un gran éxito con La historia de Tommy, tomada del original de Ray Paterson: Tell Laura I love her, se dedicó a sacar un cover de cada canción que Paul Anka fuera colocando en los primeros lugares de audiencia en los EE. UU., de tal forma que regularmente Anka viajaba a México a realizar presentaciones en vivo para que no llegaran a pensar que él sacaba covers en inglés de las canciones de César Costa.  También habría que recordar Chica Mala que Costa tomó del tema de Neil Sedaka: Bad Girl.

Angélica María fue otra intérprete mexicana que llegó a dominar magistralmente el cover, con una lista interminable de temas que tomó de diferentes fuentes, no obstante habría que resaltar que fue una de las primeras intérpretes del que sería el gran maestro baladista mexicano Armando Manzanero, como es el caso del gran tema Paso a pasito, del segundo álbum de Angélica.

También habría que recordar el bien logrado cover de parte de Los Reno al tema del musical The music man, Till there was you que relanzaran The Beatles y que apareció bajo el nombre de Siempre te amaré, así como Colina Azul de Los Boppers tomado del éxito Blue Berry Hill de Fats Domino.  Por su parte Manolo Muñoz realizó una buena versión de Speedy González que lanzara a la fama Pat Boone.

La música italiana ha sido siempre una fuente inagotable para los cover, desde L´edera que ganara el segundo lugar en el Festival de San Remo en 1958 de donde se desprenden varias versiones en español, incluyendo una bolerizada a cargo de Los Panchos.  Enrique Guzmán tomó Te necesito, del tema original de Toni Renis: Io cerco te.  Por su parte César Costa grabó Corazón Loco, que en su versión original Little Tony llamó Cuore matto.  Los Yaki grabaron el éxito de Sergio Endrigo Teresa con el mismo nombre, no obstante, Angélica María pareciera ser la más adepta a los cover de canciones italianas con versiones de Io que no vivo senza te, de Pino Donaggio, con el nombre de Yo que no vivo sin ti; así mismo recordamos Cuando me enamoro, que presentaron The Sandpipers en San Remo 1968 con el título Quando m´innamoro, también grabó Con un beso pequeñísimo, que lanzara Toni Renis como Con un bacio picoccolissimo,  Un caso curioso lo constituye el bolero ranchero He sabido que te amo de Javier Solís que muy pocos saben que se trata de un cover de Ho capito che ti amo de Luigi Tenco, Nicola Di Bari y varios más.  Estos préstamos de la música italiana se extendieron hasta la década de los ochenta, siendo el festival de San Remo la principal fuente de inspiración.  En esta última etapa resalta el éxito de Yuri Maldita primavera que Loreta Goggi cantara en el San Remo de 1981 bajo el título de Maledetta primavera, así como el tema de 1984 Tutta la vita de Lucio Dalla que Emmanuel y Franco lanzaron casi simultáneamente bajo el nombre de Toda la vida.

La música francesa también contribuyó al cover, recordando el tema Venecia sin ti,  que lanzara a la fama en Nicaragua al cantante argentino Juan Ramón apodado “Corazón” dándole un madruguete al gran Charles Aznavour, quien cuando se decidió a sacar la versión en español de su gran éxito Que c´est triste Venice, ya Juan Ramón la había gozado por suficiente tiempo.  Alain Barriere, el gran cantautor francés también fue puesto ante el pelotón de fusilamiento (como se decía antes) a través de varios temas como Plus je t´entends, que Enrique Guzán lanzó como Tu voz, Emporte moi, que Los Angeles Negros se encargaron de transformar en Y volveré y que muchos juran que es del propio Germain y Ma vie, que Juan Ramón y Raphael cantaron con el mismo nombre en francés.   Gilbert Becaud también aportó temas al cover, como la multi versionada canción Et maintenant, que Javier Solís convirtiera en bolero ranchero con el título Por qué me dejas, así como Natalie, que grabaran con el mismo nombre Los hermanos Arriagada.

En la actualidad el cover continua siendo un elemento frecuentado por muchos artistas, sin embargo, se comercializa con la clara advertencia de que se trata de un cover y se cita invariablemente la versión original.

No hay que confundir el cover con ese nuevo estilo de introducir samples o pedazos de un éxito del pasado dentro de un tema nuevo, en donde el primero solo sirve de introducción para darle paso al tema actual con su propio ritmo y que mediante una buena técnica de remix se logra acoplar ambos temas.  Esto se observa claramente en el éxito de Akon, Lonely que toma el tema de Boby Vinton Mr. Lonely como introducción, así como Shakira y Wyclef Jean que tomaron las trompetas de Amores como el nuestro de Jerry Rivera como introducción al tema Hips don´t lie.

Actualmente se escucha por doquier una versión remix del tema que en los años cincuenta popularizara el recordado Renato Carosone con el nombre de Tu vu fa l´americano y que en la película “The talented Mr. Ripley” se introduce un magnífico cover de dicho tema, con la participación de Fiorello, The Guy Barker International Quartet, Matt Damon y Jud Law.  En la versión actual lanzada por Yolanda Be Cool con el nombre We don´t sepeak Americano, se toman fragmentos de la canción original de Carosone y con música electrónica logran una mezcla que no será una obra de arte, pero sí pegadiza.

Si los amables lectores se toman el tiempo de buscar en Youtube las versiones originales aquí consignadas, más las que agreguen los conocedores del tema, tendrán un viaje inolvidable por aquellos años dorados, agregando la sorpresa de que tal o cual tema no era original del artista que lo hizo famoso en nuestros tiempos.

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