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Fue allá por el año 1955, cuando mi abuelo regresó de uno de sus frecuentes viajes a Managua. Generalmente llegaba con algo para nosotros, ya fuera pan de El Patio, un juguete o cualquier otro regalo. En esa ocasión trajo algo novedoso para mí. Según él se trataba de unos pantalones a prueba de niños. En esa época se conocían como “pantalones de remaches” y estaban fabricados con una tela muy resistente y reforzados por unos remaches metálicos en las bolsas. Aquellos pantalones de color azul intenso tenían un largo mayor que los tradicionales y cada quien debía hacerse el ruedo cada vez que los iba a usar, según el tamaño, la forma y estilo que mejor le acomodara. Los primeros pantalones de remaches de Nicaragua fueron fabricados por don Ramón Morales quien tenía la tienda llamada Nomar, ubicada en la Avenida Roosevelt de Managua. Posteriormente, la Venus, de la familia Jerez, ubicada también por ese mismo rumbo, comenzó a ofrecerlos.
Estos pantalones pronto fueron los preferidos por los finqueros, debido a su resistencia y durabilidad, agregando a su indumentaria las camisas a cuadros y las botas vaqueras.
En el Instituto Pedagógico de Diriamba, al contrario de muchos de los colegios de Nicaragua, los alumnos no utilizaban uniforme escolar, algo muy extraño pues en el homólogo de Managua sí lo exigían. Así pues fue más fácil que los ínclitos hijos de La Salle autorizaran el uso de estos nuevos pantalones, que a pesar de considerarlos un tanto informales, al final vieron que eran muy prácticos y duraderos y no tenían ninguna característica que fuera contra las normas de ese tiempo.
De esta manera, al poco tiempo, los pantalones de remaches formaron parte integral de la indumentaria de todos los niños y jóvenes, así como de todo el sector rural del país. En cierto momento se comenzaron a importar de los Estados Unidos y la oferta se diversificó, tomando el nombre de blue jeans que es como se les conocía en aquel país.
Respecto a la historia de estos famosos pantalones, es necesario considerar tres aspectos básicos. El primero es la ciudad francesa de Nimes, situada en el sur de ese país y capital del departamento de Gard, en la región de Languedoc-Roussilon. En esa localidad se inventó un tejido de algodón que por su forma de entretejerse mostraba una extraordinaria resistencia. El mismo tuvo una gran demanda en Europa en aquella época y se utilizaba para fabricar toldos y carpas pues era ideal por su resistencia a los elementos naturales, así como a la fricción. Por la ciudad de su origen tomó el nombre de denim, aunque posteriormente se le ha conocido también como azulón o mezclilla.
El segundo se refiere al puerto de Génova en Italia, cuya flota se encargaba de llevar productos del viejo mundo a la costa oeste de los Estados Unidos. Los marineros genoveses utilizaban unos pantalones fuertes confeccionados una lona color marrón. A estos pantalones se les empezó a llamar jeans, derivado de la deformación de genes, que es como se conocía a Génova en francés.
El tercero y tal vez más importante se remonta a mediados del siglo XIX durante la fiebre del oro en los Estados Unidos, cuando un comerciante de origen alemán llamado Levi Strauss, ubicado en San Francisco California, observó que en su tienda de especialidades para mineros había una gran demanda por pantalones que resistieran el rigor de sus tareas. Lo anterior, motivó al emprendedor a buscar alternativas para fabricar pantalones para esos mineros. Inicialmente utilizó la lona marrón que se traía de Génova y posteriormente la tela conocida como denim, la cual importó de Francia.
Para hacerse cargo de la confección de los pantalones, Levi Strauss contrató a un sastre de nombre Jacob Davis, quien diseñó un pantalón con cinco bolsas y tirantes, posteriormente, para reforzarlo le agregó remaches metálicos en las bolsas. El denim importado de Francia estaba teñido con azul índigo de la India. El precio inicial de estos pantalones era de US$1.50. La prenda ofrecida por Levi Strauss encontró una enorme demanda, no sólo de parte de los mineros, sino de los trabajadores del ferrocarril, granjeros, vaqueros y todo aquel que tenía un oficio rudo.
Luego Levi Strauss y Jacob Davis se asociaron y juntos patentaron en 1873 el pantalón fabricado en tela denim, con tirantes y reforzados con remaches metálicos, lo que prácticamente dio origen al blue jean.
A inicios de los años sesenta, en Nicaragua se continuó utilizando esta prenda, siempre por los sectores rurales del país y de parte de los jóvenes en el área urbana, ya como una moda, pues en los Estados Unidos comenzó a asociarse al rock and roll y a sus estrellas, principalmente Elvis Presley, así como algunos íconos de Hollywood que encarnaron personajes que mostraban actitudes rebelde como James Dean y Marlon Brandon. A finales de la década, con la aparición y crecimiento del movimiento hippie, en especial su indumentaria, el blue jean se convirtió en una prenda ideal para acompañar aquellas camisetas manchadas y cotonas, muchas veces acompañadas con caites u otro tipo de sandalias. Peace and Love. Para esa época, los jeans se volvieron unisex, pues comenzó a generalizarse entre las mujeres, ya que al inicio había cierta renuencia a utilizar una prenda que parecía haber sido diseñada exclusivamente para hombres. En esos tiempos también salieron las mochilas fabricadas en mezclilla que completaban la indumentaria del típico estudiante.
Con la llegada de los años setenta, vimos que poco a poco la moda hippie fue disipándose, apareciendo camisas, camisetas y blusas fabricadas con una mezcla de algodón con poliéster y con diseños sicodélicos, mientras que el blue jean por su parte, seguía siendo la prenda dominante e iniciaba poco a poco la predominancia de marcas como Levi´s, Lee o Zee. En Nicaragua el famoso almacén de prendas de vestir para hombres, Mejores Trajes Gómez, se animó a sacar una línea de blue jeans la cual bautizó con el nombre de Lord G. Para 1973 comenzó un fenómeno interesante y es que la marca Levi´s comenzó a convertirse en objeto de culto y de repente, si no se usaba un jeans de esta marca, era mejor no ponerse nada. Para esa época, un Levi´s costaba cerca de US$20.00 y había que ahorrar un buen rato para poder adquirirlo. No obstante, este culto no duró mucho tiempo y de pronto comenzaron a invadir al país una serie de marcas que nutrió a la competencia. Ahí mirábamos los Tobías, caros también, Lovers, Topeka, Auténtico Buffalo Prince, Ever, Farah, Faded Glory, entre otros.
Es importante señalar que en la década de los setenta, la casa Levi´s de los Estados Unidos suscribió un contrato con la Fábrica de Hilados y Tejidos El Porvenir, S.A., propiedad de la familia gobernante (de esa época) para la elaboración de parte de la tela denim que se utilizaría en la confección de las prendas de vestir de Livi´s, que para esa época se había diversificado con la línea femenina para la exportación, además de chaquetas de mezclilla. Había una cláusula de exclusividad para dicha producción, teniendo prohibido la fábrica nicaragüense comercializar cualquier excedente, el cual debía ser destruido.
A finales de los años setenta, con el surgimiento de la cultura disco, en especial con la película Saturday Night Fever y la figura de John Travolta con sus nítidos vestidos de poliéster, el blue jean comenzó a tambalearse y algunas fábricas de estas prendas casi van a la quiebra. Fue hasta comenzada la década de los ochenta que Georgio Armani , Versace y otros diseñadores de alta costura introducen en sus colecciones Pret a porter, los blue jeans, dándole otro nivel a esta prenda. Así mismo, con el surgimiento de la cultura break dance, los jeans resurgen de nuevo en el nivel popular. Para la misma época la fábrica de Levi´s introduce el jeans prelavado. En Nicaragua, para los ochenta, a pesar de que aparentemente todo el mundo estaba estudiando arquitectura y eran estos los más aficionados a esta prenda, los blue jeans comienzan a escasear y sólo tenían acceso a los mismos, la nomenclatura y los afortunados que ya tenían parientes o amigos en el exterior y que lograban introducirlos al país.
En los años noventa, con la expansión de algunos deportes como los patines y skateboards, la industria del jean comienza a adaptarse a los nuevos requerimientos, iniciando la tendencia a agrandar las prendas, surgiendo algunas modas propias de las subculturas en Norteamérica. En Nicaragua, con el retorno de la economía de mercado el jean vuelve a adquirir su dimensión, contribuyendo en este proceso la introducción de la ropa usada importada por pacas y de ahí que los jeans de Paquistán inundan el mercado, en todas sus formas y estilos.
Con la llegada del nuevo milenio, el jeans al igual que el whisky Johnny Walker sigue tan campante. Se observan nuevas tendencias en la prenda de conformidad con la moda y se llega al estilo del talle bajo, que muchos años antes lanzara el genial Mario Moreno Cantinflas, únicamente que esta vez alcanzó a las damas, que sin importar la figura, como si hubiesen sido vacunadas contra el ridículo, empezaron a mostrar el mondongo y sus alrededores.
En la actualidad, el blue jean podría decirse que es la prenda de vestir más utilizada en Nicaragua. Si usted apreciado lector lo duda, puede salir a dar una vuelta por cualquier sector del país y en una determinada calle tomarse la molestia de contar cuántas personas utilizan el blue jean en cualquiera de sus variantes, pantalón, falda o short y se sorprenderá que la proporción de quienes lo usan es mayor que cualquier otra prenda y cuidado que es mayor que la intención de voto por cualquiera de los candidatos. Así mismo podrá observar que existe una enorme gama de marcas y desde luego precios. En los sectores de Galería Santo Domingo en Managua, podrá observar uno que otro Dolce and Gabbana de esos que cuestan US$200.00 y es posible que su portadora lleve un escolta uniformado atrás, o bien alguien que lleve unos Calvin Klein de US$ 120.00, otra llevará Diesel o Tommy de US$90.00, aunque por ahí la gran mayoría preferirá el clásico Levi´s que actualmente andan arañando los US$50.00. Lo bueno es que se necesita ser un connoisseur para distinguir un original de una falsificación hecha en China y que se puede conseguir por US$10.00.
En fin, son casi sesenta años de la sobrevivencia del blue jean en el gusto de los nicaragüenses, varias generaciones guardan en sus álbumes fotografías en donde comparten tantas cosas entre las cuales sobresale esta prenda de vestir. A finales de los setenta, el gran cantautor norteamericano Neil Diamond lanzó un tema, muy indicativo de lo que esta prenda representa:
Money talks
But it don’t sing and dance
And it don’t walk
And long as I can have you
Here with me, I’d much rather be
Forever in blue jeans
Agradezco a mi hermano Eduardo, experto en confección, su ayuda en la elaboración de este post.
