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Hay un son nica que poco a poco se fue metiendo en el folklore de las fiestas agostinas de Managua,  de tal forma que ahora, casi cincuenta años después, forma parte del repertorio obligatorio de las fiestas patronales de la ciudad capital.  Se trata de una canción pegajosa que reitera hasta el cansancio la solicitud del cantante para que le den un vaso de pozol con leche, ese refresco típico del Pacífico de Nicaragua y que se prepara con maíz pujagua, agua, leche y azúcar.

Muy pocos conocen al autor de “Dame pozol con leche”; es más, muchos creen que fue compuesto por Otto de la Rocha.  Si bien es cierto, este último es uno de los principales intérpretes del tema junto a Jorge Isaac Carballo, el tema no pertenece a su variada obra.

El autor de este son nica es el músico capitalino Luis Felipe Andino, quien además de ser un consagrado trompetista, fue un gran impulsor de la música vernácula nicaragüense a través de su sello discográfico “Discos Andino”.

Don Luis Felipe nació en Managua en 1924 y desde pequeño se inició en el mundo de la música, aprendiendo a interpretar varios instrumentos, pero en especial la trompeta, habiendo participado en varias bandas musicales que se formaron en Managua. Consciente de que la música no era una actividad para ganarse la vida, se inició en los aspectos financieros y bancarios y trabajó por muchos años para el Banco Nacional de Nicaragua.

A finales de los años cincuenta, Don Luis Felipe, tenía además una tienda de discos e instrumentos musicales en un pequeño local situado en la calle que iba desde El Hormiguero hasta el Instituto Ramírez Goyena, entre la esquina de Don Miguel G. Hernández, el zar de las roconolas y la esquina norte del Colegio Bautista.  Consciente de la importancia que cobraban los discos de vinilo, con la ampliación del mercado de los tocadiscos, así como con la promoción musical de la industria de la radiodifusión, decidió ingresar al mundo de la grabación.  El problema es que no tenía los medios para adquirir un estudio de grabación, sin embargo, con un impresionante espíritu emprendedor, inició conversaciones con el recordado musicólogo nicaragüense Don Salvador Cardenal, quien tenía los Estudios Centauro, que funcionaban de manera conjunta con la radio del mismo nombre y que con el tiempo se convertiría en la Radio Güegüense, habiendo accedido Don Salvador a rentarle los equipos para que el pudiera producir sus propios discos.

Los discos fueron bautizados con el sello de “Discos Andino” y el primer ensayo fue con grabaciones de la marimba de arco de Elías Palacios.  Luego vino un disco que por muchos años, a partir de la última semana de noviembre, se escuchaba mañana, tarde y noche en las principales radiodifusoras del país.  El disco se llamaba “Salve Azucena Divina” y contenía la interpretación de la orquesta de Ramiro Vega de los himnos de la fiesta popular de “La Purísima”.  Hay que anotar que Don Luis Felipe se entusiasmaba tanto con estas grabaciones que se involucraba directamente en todo el proceso y en este caso, participó directamente con su trompeta con la orquesta de Vega y llamó a sus hermanas para que integraran el coro que entonaba los himnos a la Purísima.

Los “Discos Andino”, a pesar de su reducida producción, logró difundir mucha de la música folklórica nacional.  A mediados de los sesenta produjo un disco llamado “Viva Santo Domingo”, el cual contenía los temas populares del folklore de las fiestas agostinas, incluyendo su composición “Dame pozol con leche”.

Otro de los logros más remarcables de “Discos Andino” fue la difusión de la música del Atlántico.  A inicios de la década de los setenta, las manifestaciones culturales de la Costa Atlántica de Nicaragua eran bastante desconocidas en el Pacífico.  En ese entonces, Don Luis hizo había estado en contacto con el trompetista costeño Charlie Robb, por algunos arreglos musicales que éste último realizó para Don Luis Felipe y juntos decidieron realizar la grabación de un Long Play con música del Palo de Mayo.  Para este efecto, contactaron con un grupo de Bluefields que eventualmente viajaba a Managua a tocar en algunos clubs de la ciudad y que llevaba el nombre de “Los bárbaros del ritmo”.  Esta agrupación había nacido en la ciudad de Bluefields en el barrio conocido como Punta Fría y lo integraban entre otros el legendario José Sinclair conocido como “Mango Ghost”, que fungía como batero y vocalista.  Este grupo se había lanzado a interpretar canciones de la festividad del Palo de Mayo compuestas por un personaje folklórico de Bluefieds que se dedicaba al acarreo en un carretón tirado por un burro y que era conocido por todo el pueblo como Tantó.  Su verdadero nombre era Sylvester Hodgson y escribía sobre temas cotidianos de la ciudad, mencionando las anécdotas reales de varios personajes del pueblo en la letra de sus canciones.

El disco se llamó simplemente Palo de Mayo y para su grabación, Don Luis Felipe se cambió a los estudios de Román Cerpas, compañero de grupo y amigo de Charlie Robb, habiendo obtenido dicho álbum una gran acogida entre el público y de pronto, la música pegajosa de ese ritmo caribeño empezó a formar parte del repertorio musical demandado en el Pacífico y lo más importante, el disco le abrió las puertas a otros grupos que vinieron a afianzar la música del Atlántico en el resto del país.

A fines de la década de los setenta, Don Luis Felipe fue visitado por Luis Cassels, director de Dimensión Costeña, a quien conocía de referencia pues este último trabajó de contador para el Banco Nacional en Bluefields y Andino le apoyó en la compra de instrumentos otorgándole facilidades para el pago, obteniendo “Discos Andino” la exclusiva en los derechos de distribución de los dos primeros discos que fueron “Fiebre Costeña” y “Bruck Douun”.

Conocí a Don Luis Felipe porque su hija Ana fue compañera de colegio de mi hermana, quien fue invitada a algunas de las purísimas que celebraba su familia y en donde invariablemente se cantaba con orquesta y el famoso coro que quedó inmortalizado en el disco de esa festividad.  Años más tarde, cuando ingresé a trabajar al Banco Nacional de Nicaragua, Don Luis Felipe era Secretario de la Junta Directiva, uno de los puestos más altos en la organización, reconocimiento que le hizo la institución a su trayectoria laboral.

Don Luis falleció en 1987, sin embargo, su esposa continuó con el negocio de discos e instrumentos musicales, pero ya en menor escala.  A mediados de los noventa pasé por el negocio que agonizaba en un local del Centro Comercial Managua y en donde se ofrecían algunos álbumes de los ya obsoletos discos de vinil.  Compré un álbum nuevo de la opereta Marina de Emilio Arrieta, que mi padre tuvo en su colección.  Al poco tiempo, en el local en donde estuvo apareció otro negocio, único indicio de la desaparición de la famosa Casa Andino.

Tal vez sería el carácter de Don Luis Felipe que no era de andar promocionando su imagen o quizá que su afán de trabajar tras bambalinas en todo el proceso de producción de los discos de su sello, lo escondió de la fama, el caso es que su nombre no resalta como debiera en la historia musical de Nicaragua.  Yo creo que el impulso que él le dio a la música nacional fue importante, ya sea desde la grabación de discos con la música vernácula nicaragüense, desde la venta de discos e instrumentos musicales o bien desde la composición de temas autóctonos, en donde para muestra un botón y “Dame pozol con leche” basta para llevarlo al salón de la fama de la música folklórica.

El mejor homenaje para este músico lo constituye la enorme cantidad de niños que en todas las muestras de talento artístico escolar, interpretan ese clásico tema de las fiestas agostinas.

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