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Hace un poco más de un año debí someterme a una intervención quirúrgica para la extracción de gran parte de la tiroides.  No es un asunto tan complicado como un tumor cerebral, pero tiene sus bemoles, así que me recomendaron a uno de los cirujanos más experimentados en ese campo, el Dr. Benjamín Urizar, quien realizó la operación con singular maestría, de tal forma que no hubo ninguna complicación; si no, no estaría contando el cuento, obviamente.  Cuando ocho días después el galeno llegó a mi casa a quitarme los puntos, ya fuera del rigor pre y post operatorio, al quitarme la venda exclamó: -Amigo, ¿quién lo operó? esta es una obra de arte, la herida está en perfecto estado y en poco tiempo ni se notará que fue intervenido.  No pude menos que reírme.  Estoy convencido que un buen médico debe tener un gran sentido del humor, de lo contrario el lado humano de su misión sería fallido.

Hace unas semanas, mi memoria USB ( pendrive ) en donde guardaba todos mis archivos, incluyendo los originales de este blog, sin decir ni pío, pasó a mejor vida, dejando irrecuperable todo su contenido.  Así pues, me di a la tarea de recuperar directamente desde WordPress todas mis entradas de Los hijos de septiembre, con el fin de realizar los respaldos correspondientes, esta vez en diferentes medios a fin de no volver a perderlos.

Mientras estuve ordenando la información de las entradas, tuve la oportunidad de releerlas, a pesar de la aprensión que sentía de hacerlo, pues muchas veces esta tarea provoca cierto rechazo hacia nuestro esfuerzo, visto desde la distancia.  Sin embargo, al volver a leer muchas de las entradas me acordé del Dr. Urizar y me dije a mí mismo: – ¿Pero quién escribió esta preciosidad? Esta es una pequeña obra maestra.

Es muy posible que mi sentido del humor sea mucho mayor que mi capacidad literaria, no obstante, tal como dijo el gran escritor y político español Antonio de Senillosa: “En el fondo, tener sentido del humor es ser consciente de la relatividad de las cosas”.  Lo importante en todo esto, es que he confirmado que ha sido una empresa divertida.  He escrito todo este material por diversión, por amor a expresarme libremente.  Tal vez si tuviera que escribir bajo contrato o si me ocupara de temas de mayor profundidad, no sería lo mismo.

Si bien es cierto, el oficio de bloguero es hasta cierto punto infame, pues no alcanza la gloria de los poetas, novelistas ni ensayistas, ni siquiera la aceptación de los periodistas, sin embargo, en lo particular me ha dado enormes satisfacciones.  Me ha permitido expresar mi cariño y admiración a mis seres queridos, rescatar a ciertos personajes del olvido, resaltar aspectos relevantes de nuestra identidad, reencontrar a viejos amigos, algunos de ellos que viven en las antípodas, por no decir más lejos y hacer nuevas amistades.  Como ipegüe, algunos pocos intrusos, estólidos por naturaleza han creído identificarse con algunos personajes o pasajes de mis escritos y en medio de su estulticia me han acusado de hacerlo a propósito, mientras se retuercen como una babosa ante la sal.  Como exclamaba mi amigo Jesús Cardeña: ¡Enhorabuena!

Estoy casi finalizando la recuperación del contenido del blog y además del regodeo que he sentido al volver a leer mis escritos, me he dado cuenta que he producido 166 entradas y que juntas hacen cerca de 650 páginas.  He tenido alrededor de 150,000 visitas al blog y se han realizado 906 comentarios, de los cuales la inmensa mayoría han sido para elogiar el escrito y sólo cuatro han sido injuriosos, razón por la cual no los dejé salir a la luz, pues en una posición un tanto egoísta, me interesa más mi libertad de expresión que la de ellos.

Así pues, todo esto me ha motivado para continuar con mayor empeño esta gratificante tarea, así que espero continuar honrado con la asiduidad de tantos amigos que aprecian mi blog.

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