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En junio de 1965, el Dr. J. David Zamora H., Vice Ministro de Gobernación de la Administración liberal del Dr. René Schick Gutiérrez, prohibió mediante decreto la canción Vergüenza y escándalo en la familia.  De conformidad con dicho decreto, la prohibición se basaba en el Código Arancelario y el Artículo 47 del Código de Radio y Televisión y el motivo de la misma era la inmoralidad de su contenido.  Así pues, mediante el citado decreto quedó prohibida su difusión por parte de las emisoras radiales del país, así como la comercialización de los discos, procediéndose a retirar todos los acetatos de los mostradores de las discotecas del país.

En realidad, esta prohibición ha sido una de las pocas ocasiones, sino la única, en que se ha prohibido una canción en Nicaragua y las circunstancias alrededor de las cuales giró dicho acto, merecen una revisión, tal vez al estilo Cold Case, cuarenta y cinco años después de lo sucedido.

La referida canción apareció por primera vez en el año 1943 como tema de la película “I walked with a zombie” y era interpretada por el cantante Sir Lancelot ( Lanzarote Víctor Eduardo Pinard) originario de Trinidad, en una versión básica a ritmo de calipso en donde sobresalía un coro que cantaba “Ay de mí, vergüenza y dolor para la familia”.  A inicios de 1965 un grupo jamaiquino llamado Peter Tosh and The Wailers grabó una versión de esa canción en ritmo de “Ska” bajo el título de Shame & Scandal que tuvo mucho éxito y de la cual se desprenden varios covers.  Como dato curioso vale la pena resaltar que en The Wailers, en las voces del acompañamiento aparece la leyenda Bob Marley.  En ese mismo año, el cantante Shawn Elliot grabó dicha canción bajo el título Shame and Scandal in the family siempre a ritmo de “Ska”.

A Nicaragua llegó ese mismo año la versión de Shawn Elliot y en cuya letra en inglés narra la historia de un muchacho que se quiere casar y va a participarle su intención a su padre quien al conocer el nombre de la muchacha le dice que no se puede casar pues es su hermana, pero su mamá no lo sabe.  Cuando el muchacho va a lamentarse con su madre, ella le dice que se case, pues su padre no es su padre, pero no lo sabe.

Obviamente, casi medio siglo después, la letra de esta canción se nos hace jocosa pero sin una trascendencia importante en cuanto a su moralidad, después que en la actualidad los medios de comunicación resaltan en sus titulares escándalos peores que ocurren en las familias como violaciones de padres o padrastros a sus hijas, violencia intrafamiliar, parricidios o la cotidiana falta de respeto y consideración a los progenitores.  En cambio, si analizamos desde otra perspectiva la historia de la canción, observamos a un padre de familia que prefiere enfrentar todo lo que representa confesar que tuvo una hija producto de un adulterio, antes que su hijo caiga en el incesto o una madre que en aras de la felicidad de su hijo prefiere enfrentarse a la deshonra al confesar que su hijo no es de su marido.

El otro aspecto importante a recordar es que a los jóvenes de aquella época lo que más nos atrajo de la canción fue el ritmo de la misma.  En esa época muy pocos dominaban el inglés como para comprender el significado de la canción, sin embargo, el “Ska” era un ritmo realmente atractivo y pegajoso.  Habría que resaltar que el dicho ritmo había nacido de una fusión entre el “mento”, que era la música típica de Jamaica, con el jazz, el swing y algunos ritmos latinos y que posteriormente daría paso al Reggae.  Casi al mismo tiempo, llegó una versión en español, también al ritmo de Ska a cargo de un dueto mexicano de cantantes-bailarines, llamado los Yorsys, pero que en la traducción le cambiaron el sentido a la letra original, presentando la historia de un muchacho que se quiere casar y la familia de la novia se alegra pues es un buen candidato para que los mantenga a todos, un poco tal vez la historia de El Borras y los Beverly de Peralvillo de la televisión mexicana.

El caso es que el verdadero escándalo lo realizó el diario La Prensa, el diario de los nicaragüenses, paladín de las libertades públicas y de la libertad de expresión, quien inició una insistente campaña en contra de la referida canción, en nombre de la moral y las buenas costumbres.  Fue este rotativo quien hizo del conocimiento de todos sus lectores la traducción de la versión del inglés y provocó el regodeo en torno a la historia, que tal vez no era ajena para ciertas familias en Nicaragua.

Ya anteriormente se había dado un intento de presionar al gobierno liberal para que prohibiera otra canción, pero en esa ocasión fue de parte de la Iglesia Católica.  En el año 1959 empezó a sonar en las radiodifusoras nicaragüenses el bolero La Hiedra interpretada por el trío Los Panchos.  Esa versión se refiere la fortaleza de un recuerdo, una relación que podría comparase a la acción de una hiedra sobre una pared, sin ninguna sugerencia adicional; es más en una estrofa expresa: “Jamás la hiedra y la pared podrían apretarse más, igual tus ojos de mis ojos, no pueden separarse jamás” de tal suerte que no se observa ningún trazo de inmoralidad en la misma.  Lo que el público no sabía era que este bolero era un cover de una canzone italiana que participó en el Festival de San Remo de 1958 y que fue desplazada a un segundo lugar por parte del gran éxito internacional Nel blu dipinto di blu, en la voz de Domenico Modugno.  L´edera era el título original de la canción y fue interpretada en dicho festival por dos grandes divas italianas, Nilla Pizzi y Tonina Torrielli y había sido compuesta por Saverio Seracini y Vincenzo D’Acquisto.  La versión original italiana es más sugerente, pues en una estrofa expresaba:  “Así, me sentirás así, ligada como hiedra, porqué en cada uno de mis suspiros sentirás palpitar a mi corazón”.  Como se puede observar, la letra no contiene nada del otro mundo, salvo tal vez la metáfora utilizada con la hiedra, pues a pesar de que entre los antiguos la hiedra era símbolo de eternidad por su extrema duración, para una mente calenturienta lo que llama la atención es la manera cómo la planta se aferra a una pared con tal fuerza que es muy difícil arrancarla y al compararse con dos personas se llega fácilmente a otro tipo de inferencias, con mayor intensidad desde un estado de celibato.  Es posible que desde L´observatore romano, con base en la versión italiana, llegara la directriz de proscribir la canción, el caso es que por un buen tiempo desde muchos púlpitos del país se habló de la inmoralidad de la canción, ante la sorpresa de los fieles que no encontraban en la versión en español motivo alguno para tanta alharaca.

Un par de años más tarde, también causó revuelo una canción ranchera, esta vez por la prohibición que se hizo de la misma de parte del Gobierno Mexicano para su radiodifusión en ese país.  La canción fue compuesta por el gran compositor mexicano José Alfredo Jiménez y se llama “Llegó borracho el borracho”.  A Nicaragua llegó una versión muy bien lograda en la voz de Lalo González “El Piporro” y en su letra narra la historia de un borracho que llega a una cantina pidiendo cinco tequilas y al decirle el cantinero que se la acabaron las bebidas, ambos se van a otra cantina a beber y ya muy tomados el borracho dice que la vida no vale nada, el cantinero le dice que la suya está asegurada y de ahí se origina una balacera que termina con la vida de ambos protagonistas.  La etiqueta de prohibida que traía la citada canción contribuyó a que la misma ocupara durante un buen tiempo los primeros lugares en la preferencia de los nicaragüenses, aunque siempre con la interrogante de los motivos por los cuales se prohibió esa canción en México, cuando en muchas canciones rancheras se hablaba de violencia, borracheras y bravuconerías. Habría que recordar a El preso número nueve que en una estrofa decía: “Los maté sí señor y si vuelvo a nacer, yo los vuelvo a matar”.  Con relación a los escabrosos temas de Agustín Lara sólo se recuerda que le “sugirieron” cambiar la letra de “Palabras de mujer” en la estrofa donde decía “aunque no quieras tú, ni quiera yo, ni quiera Dios”, habiendo cambiado a “lo quiso Dios”, sin embargo, nadie reparó en aquella estrofa de “Piensa en mí” que dice: “tu párvula boca que siendo tan niña me enseñó a besar”, sugerencia que aún en estos tiempos le pondría los pelos de punta a más de alguna ONG.

En el caso de Vergüenza y escándalo en la familia, el decreto del Vice Ministro de Gobernación se acató sin chistar, los medios de comunicación aplaudieron el acto, en especial el diario La Prensa y no se originó ningún debate en torno a los derechos humanos, ni sobre el derecho a la participación en la vida cultural, ni a la libertad de expresión, mucho menos sobre la antojadiza calificación de inmoral de la letra de la canción. Simplemente se dejó de escuchar esa canción y punto.  Sin embargo, nadie imaginaba lo que estaba por ocurrir en los años venideros.

En 1967, la sensual actriz francesa Brigitte Bardot, ahora defensora de los derechos de los animales, le solicitó al renombrado compositor francés Serge Gainsbourg y a la sazón su novio, la canción más romántica que el compositor pudiera imaginar.  En respuesta a lo anterior, Gainsbourg compuso el tema Je t´aime, moi non plus.(Yo te amo, yo tampoco) y al año siguiente la grabó junto a la Bardot, sin embargo, al escucharla, la sex simbol se acalambró y se rehusó a que la grabación viera la luz pública.  Al poco tiempo, Gainsbourg terminó su relación con la Bardot e inició un noviazgo con la actriz inglesa Jane Birkin, con quien grabó el tema y a inicios de 1969, el mismo fue lanzado al mercado.

Yo te amo, yo tampoco es una conversación entre dos amantes que hacen el amor y con un acompañamiento musical verdaderamente erótico, a través de un lenguaje sumamente explícito, así como gemidos y susurros, conducen hasta el orgasmo de la fémina.  Es obvio que dicho tema causó un tremendo escándalo en la sociedad europea, que a pesar de las banderas de la libertad sexual que se enarbolaban a nivel mundial, prevaleció una tremenda resistencia de parte de los sectores conservadores, en especial por la Iglesia Católica que no dudó de calificar la canción como obscena, en su periódico oficial L´Observatore Romano y en respuesta, el gobierno italiano prohibió su difusión en radio y televisión, medida que fue imitada por los gobiernos de Suecia, Inglaterra y España.  A pesar de lo anterior, el disco rompió todos los record de ventas y en sólo en Francia supero el millón de copias.

A finales de 1969 las radiodifusoras de Nicaragua nos sorprendieron cuando empezaron a tocar el tema de Gainsbourg, dejando a todo el mundo anonadado y a la espera de que en cualquier momento el Ministerio de Gobernación la prohibiera.  La Prensa por su parte estaba en ese tiempo más involucrada en su oposición al gobierno de Anastasio Somoza Debayle, en especial desde los valientes editoriales de su recién liberado Director, Pedro Joaquín Chamorro, que en esa ocasión no le paró bola a la canción.  El gobierno por su parte se empeñaba en aniquilar la creciente guerrilla del FSLN, de tal forma que el Ministro de Gobernación en esa época el Dr. Mariano Buitrago Ajá, ante la popularidad del tema de Gainsbourg simplemente dijo: “Ajá”. La iglesia católica estaba más enfrascada en su oposición al régimen somocista que en seguir las consignas de L´Observatore Romano.  Así pues, pasó el tiempo y la canción continuó escuchándose en el espectro radial sin restricción alguna hasta que la audiencia se aburrió y pasó de moda.  No ocurrió ningún resquebrajamiento en los valores morales de la sociedad nicaragüense y a excepción de aquellos jóvenes que se disfrazaban de hippies y se dedicaron al amor libre al ritmo de la canción, no hubo mayores consecuencias al respecto.

Ahora en pleno siglo XXI, recordamos aquel desacierto que se llegó al prohibir Shame and scandal in the family, en esta época de pruebas de ADN y de reggaetones con letras que le hubiesen provocado un infarto al Dr. J. David Zamora H y que hacen parecer a aquel tema como una canción de cuna.  Además de los avances en la defensa de los derechos humanos fundamentales y de la libertad de expresión, es prácticamente imposible censurar cualquier manifestación musical, ante los alcances del internet.  Lo cierto es que entonces como ahora, en el escándalo está el pecado.

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