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En el año 1980 estuve en Finlandia en una gira de estudios, conociendo las formas de organización para la producción forestal. En los ratos libres alternábamos, mi jefe y yo, con diferentes grupos, la mayoría no finlandeses, entre ellos una pareja de españoles que vivía en ese país, con quienes hicimos buenas migas y nos acompañaron por varios lugares de Helsinki. Al finalizar nuestra gira, nos organizaron una fiesta de despedida, con mucho vodka y música de diversos países. Antes de despedirnos, el anfitrión nos pidió que escucháramos una canción y puso en su equipo de sonido una sevillana, llamada La Canción del Adiós, conocida también como Cuando un amigo se va, de un grupo llamado Los Amigos de Gines. La canción es impactante, en especial cuando se escucha por primera vez y en esa ocasión a pesar de que no existía una profunda amistad, tan sólo la entrada que dice: “Algo se muere en el alma, cuando un amigo se va” bastó para inundar de emoción aquel pequeño recinto.
Con el tiempo, esa canción llegó casi a borrarse de mi mente, sin embargo, en estos últimos días, después de la pérdida de un ser muy especial en mi vida, empecé a sentir un tremendo vacío en mi interior y de repente, sin podérmelo explicar, aquella canción regresó a mi conciencia y pude sentir en toda su dimensión la profundidad del dolor que trasmite: “El amigo que se va es como un pozo sin fondo, que no se vuelve a llenar,,,”
Para efectos de este Blog, la persona que falleció era mi mayor fan. Cuando inicié este Blog, lo hice más como un ejercicio de expresión que para buscar una lista interminable de seguidores, sin embargo, la primera reacción que tuve fue de parte de mi madre, quien se convirtió en una ávida lectora de todos mis post y por teléfono me trasmitía todos sus comentarios, felicitándome cuando el post lo merecía, corrigiéndome cuando la ocasión lo ameritaba, regañándome cuando me excedía en mi irreverencia o entre risas sugiriéndome tener más caridad cuando adivinaba la burla escondida. Cuando me retrasaba en la publicación del siguiente post, me preguntaba si me pasaba algo o disimuladamente me preguntaba sobre qué tema escribiría.
La última vez que fui a visitarla, me sorprendió ver que en un pequeño librero a un lado de su sillón estaban varias carpetas llenas de documentos, tuve la curiosidad de ver de qué se trataba y cuál no sería mi sorpresa cuando miré que eran todos mis post que había publicado en el Blog, impresos en letra número 18 que mi sobrino con todo cariño le había encuadernado especialmente para sus cansados ojos.
Cuando en septiembre pasado descubrimos que ella tenía un tumor inoperable, me esmeré en seguir escribiendo para desde lejos mantener ese vínculo especial que iba más allá de mis cotidianas llamadas telefónicas. Se me ocurrió entonces escribir un post especialmente dedicado a ella y de ahí salió “Lo qué será, será” que mi madre emocionada me agradeció mucho ese reconocimiento, que a veces se le antojaba inmerecido, pero que lo apreciaba porque lo había disfrutado en vida y no desde un ataúd. Le reiteré que me había quedado corto en todo lo que ella representaba en nuestras vidas.
A mediados de abril, como preludio de un viaje programado para pasar el día de la madre con ella, escribí Lady Laura, que aunque se trataba de la extraordinaria canción que Roberto Carlos le dedicó a su madre, refleja esa añoranza por el abrazo, los cuentos y las palabras de la madre, que no importa la edad, nos devuelven la calma.
El día 23 de abril, cuando mi padre cumplía 18 años de fallecido, mi hermano le leyó en su cama el post de Lady Laura, sin sospechar yo que mientras añoraba su abrazo, su cuento y su beso, ella libraba su última batalla y horas después se iría para siempre.
El día 3 de mayo depositamos sus cenizas junto a las de mi padre el Mausoleo del Angel, en esa ocasión mi hermano me pidió que dijera algunas palabras al cerrar la cripta, pero no pude, pues literalmente sentía que algo se había muerto en mi alma.
Pido perdón a mis lectores si me he apartado de la línea de este Blog, sin embargo, creo que el vacío que deja mi fan número uno, merece hacer un alto en el camino, mientras el barco se aleja y se hace pequeño.
