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Las calles de Managua parecieran estar a punto de rendirse al inclemente sol que amenaza con convertirla en un desierto. La ciudad convulsiona al ritmo de un interminable reggaetón que se desparrama del mall y que corriente abajo cubre las venas, todavía cicatrizantes, de aquella novia del Xolotlán que quedó esperando a su príncipe valiente que la levantara de su letargo.
En los semáforos se arremolina una muchedumbre de vendedores, indigentes, malabaristas, payasos que estratégicamente ocupan todo el crucero, listos para aprovechar los treinta segundos que dura la luz roja para apelar a la buena voluntad de los ciudadanos, mientras escondidos en los árboles cercanos, los policías de tránsito acechan a los atenidos conductores.
De repente, un hombre alto, delgado, con una larga melena, barbado, ataviado con una túnica roja y cargando una cruz de madera aparece en escena, como salido de la nada. Lejos de semana santa, el nazareno pareciera más bien emergido de una película de Fellini y el reggaetón de pronto pareciera caer en fade out y diera la impresión que Nino Rota entrara para poner sus pinceladas musicales detrás de la imagen de este personaje.
Al acercarse el nazareno, ofrece una expresión más parecida a la de Marco Antonio Solís que a la de Jim Caviezel. Su cruz es más liviana de lo que inicialmente parece, como diciendo, exageraciones tampoco. No predica nada, no solicita nada, simplemente fija su mirada en el horizonte y sigue su camino, que lo lleva a cualquier parte de la capital pues igualmente se le mira por Enabas, Santa Ana, Camino de Oriente o por los Semáforos de La Robelo, aunque también se le ha visto en Rivas, Matagalpa, Chinandega o Estelí.
Súbitamente, la imagen nos trae a la mente el poema “A Colón” de Rubén Darío: Cristo va por las calles flaco y enclenque, Barrabás tiene esclavos y charreteras. Duelos, espantos, guerras, fiebre constante, en nuestra senda ha puesto la suerte triste. Sin embargo, el nazareno inmutable sigue su senda, como buscando su propio Getsemaní, aunque en el camino lo nieguen más de tres veces y el Iscariote lo siga con su mirada obscena.
El calor parece apretar más y la imagen del nazareno da la impresión de evaporarse en el persistente sol y poco a poco reaparecen Wisin y Yandel: Actitudes que contribuyen al crecimiento del infierno, Pero arriba hay un gobierno, que vea si en tu corazón hay un infierno. Mientras el Dembow inunda de nuevo el ambiente, la capital sigue su vida y a lo lejos se escucha cantar a un despistado gallo.
