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Allá por 1969, cuando arañábamos los veinte años, de repente en las radiodifusoras de Nicaragua comenzó a sonar una voz particular, varonil y fuerte, que interpretaba baladas que a veces parecían tan profundas en su contenido, pero que a la vez contrastaban con una sencillez tan cotidiana. Al transcurrir el tiempo supimos que se trataba de Leonardo Favio, cantautor argentino, que se estaba convirtiendo en un verdadero fenómeno en toda Latinoamérica.

Así fue que aquellos años maravillosos entre el final de los sesenta y el inicio de los setenta estuvieron marcados por aquella música que escuchamos incesantemente y que de manera inconsciente dejó tremendos surcos en nuestras mentes, de lo cual no nos percatamos, sino hasta mucho tiempo después. Durante esa época llegaron a convertirse en verdaderos himnos de nuestra existencia “Ella ya me olvidó”, “Fuiste mía un verano”, “Ni el clavel, ni la rosa”, “O quizá simplemente le regale una rosa”, “Ding, dong”, “Así es Carola”, “Annie”, “Mi tristeza es mía”, “Quiero aprender de memoria”, “Mi amante niña, mi compañera” y tantas más.

De pronto, ocurrieron en cascada una serie de acontecimientos que transformaron nuestras vidas, el terremoto, la finalización de la universidad, el trabajo, el matrimonio, los hijos. La música también sufrió cambios drásticos, los solistas dieron paso a los grupos y llegaron Los Angeles Negros, Los Iracundos y tantos más y poco a poco, Leonardo Favio fue escuchándose cada vez menos, sin embargo, él y su música ocupaban un lugar preferente en nuestros recuerdos.

Como todos los nicaragüenses, creía saberlo todo, y respecto a Leonardo Fabio tenía la apreciación de que sabiendo que era un cantautor argentino, conociendo la mayoría de sus canciones y que triunfó en el Festival de Viña del Mar era todo un erudito sobre todo lo concerniente a este personaje. Sin embargo, viviendo en México, en una ocasión conversando con unos amigos salió a colación Leonardo Favio y comencé a presumir sobre mis conocimientos sobre su música, cuando uno de ellos me preguntó qué opinaba sobre su obra cinematográfica. Fue entonces cuando me di cuenta que sabía muy poco de Favio, tan sólo una mínima proporción de la punta de un iceberg.

Lo cierto es que, el poco acceso del público nicaragüense al cine no comercial, nos impidió conocer toda la trayectoria de quien para nosotros era un simple cantautor y para muchos la primerísima figura en el cine argentino.

Es más, si a cualquier nicaragüense fan de este artista le preguntan si conoce a Fuad Jorge Jury, una inmensa mayoría se encogería de hombros, pues no saben que con ese nombre, Leonardo Favio nació un 28 de mayo de 1938, en Luján de Cuyo, de la provincia de Mendoza, Argentina. Tuvo una niñez y juventud azarosas, pues sufrió el abandono de su padre e incluso estuvo en prisión debido a pequeños robos. Ingresó al seminario sin mantener su permanencia y luego intentó enlistarse en la Marina también infructuosamente. Su vocación la encontró gracias a su madre, quien escribía guiones para el radio teatro y de vez en cuando le daba algunos pequeños papeles. De ahí empezó su afición por escribir libretos.

A finales de los años cincuenta se trasladó a Buenos Aires, en donde Enrique Carreas, el cineasta peruano estaba rodando El Angel de España, film en donde logró colocarse de extra. Luego se encontró con Leopoldo Torre Nilsson quien lo apoyó para que participara como actor en El Secuestrador y Fin de Fiesta. Cuando se consolidó en el mundo cinematográfico incursionó como director, debutando con un cortometraje llamado El Amigo, en 1960. Así comenzó una fructífera carrera cinematográfica convirtiéndose en una figura central del nuevo cine argentino. Destacan sus obras, Crónica de un niño sólo que rodó en 1965, El romance de Aniceto y la Francisca en 1967, misma que algunos críticos señalan como una de las mejores cintas del cine argentino. El Dependiente, realizada en 1969 estuvo basada en un guión de su hermano Zuhair Jury.

Debido a la falta de apoyo de parte del Gobierno y a serias dificultades económicas, Favio incursionó en la música, pues a temprana edad había aprendido a tocar la guitarra. En cierta reunión familiar un empresario de una disquera lo escuchó y le ofreció una oportunidad para grabar un disco. De esta forma nació “Fuiste mía un verano”, grabado en 1968, disco que constituyó un verdadero fenómeno no sólo en Argentina, sino en todo Latinoamérica. Luego después de participar en el Festival de Viña del Mar, alcanzó la cima de la popularidad. En 1969, grabó su segundo álbum, “Leonardo Favio” que vino a consolidar su fama como cantautor.

No obstante, Favio añoraba su tranquilidad de su vida como director de cine. La fama y la vertiginosa vida de la farándula lo atosigaban y sin más, de pronto dejó el canto y regresó a dedicarse de tiempo completo al cine. En 1973 realizó el film Juan Moreira, Nazareno y el lobo en 1975 y Soñar, Soñar en 1976.

Al caer Argentina en una dictadura que duró diez años, en 1976 se fue al exilio, aprovechando ese acontecimiento para retomar el canto y realizar una gira por América Latina por espacio de dos años. Estuvo radicado posteriormente en Colombia, sin abandonar sus giras internacionales. En 1987, una vez finalizada la dictadura, Favio regresó a Argentina, regresando a su carrera de cineasta y en 1993 realiza Gatica, el mono, . ganadora del Premio Goya 1994 a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana, de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España,; luego realizaría un documental sobre la historia de la Argentina en el siglo XX que tuvo como eje a Juan Domingo Perón.

Este año, Favio estrenó su cinta Aniceto, en donde además de dirigirla interpreta el tema del film, compuesto por su hijo Nico Favio.

Leonardo Favio es un hombre hermético, supo inteligentemente guardar su vida privada, realmente privada. Muy pocos saben sobre su intimidad, a tal punto de que se han tejido una serie de historias acerca de su situación actual. Mucho se dice sobre su enfermedad, que según algunos se trata de cáncer y según otros de una hepatitis B y su falta de movilidad se le achacan a un accidente sufrido en Colombia que le lesionó la pelvis. Sin embargo, en una entrevista que le brindó a Fernando Toledo del Diario Uno de Mendoza en junio de este año, Favio admite que sufre de polineuritis, que es una enfermedad, según él, que se nota más en el dolor. El cantautor afirma que tiene una terapia especial y que se encuentra bien y mejorando, pero lo principal es que, según expresa, ha aprendido a asumir la vida.

Así que en Nicaragua, sólo logramos apreciar lo que para el mendocino era un medio para seguir trabajando en su sueño que era el cine. No llegamos a conocer a ese genio que ha logrado poner muy en alto al cine argentino a tal punto que una sala de cine del Congreso de la Nación en Argentina lleva su nombre, además de haber sido nombrado Ciudadano Ilustre de la capital argentina. Según muchos críticos internacionales, ha sido el mejor director de cine de toda la historia se su país.

De cualquier forma, en cualquier momento en alguna emisora local, nos sorprende su música, transportándonos a nuestros años maravillosos, haciéndonos pensar en caminatas por la playa, tiernos amaneceres, sabores que navegan en los labios, gentes que ya nos olvidaron, gentes que no podemos olvidar y que otra vez será.

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