Octubre 1, 2007...7:15 pm

El pájaro de acero

Saltar a Comentarios

Pablo Antonio Cuadra consideraba que el nicaragüense posee una índole nómada e itinerante.  En su obra El Nicaragüense hace mención del significado que tenía en este país la expresión “de viaje”, como algo definitivo; para siempre.  Se fue de viaje equivalía a que no regresaría nunca.  El nica tenía marcado su destino transeúnte, pero a nivel exódico, huyendo ante eventualidades que lo obligaban a dejar el terruño para siempre. 

Sin embargo, si observamos el lenguaje coloquial nicaragüense en la actualidad, nos damos cuenta que cada vez es menos usual la expresión “de viaje” con esa connotación de perpetuidad.  El nicaragüense sigue manteniendo su condición de viajero, pero el viaje dejó de ser algo mágico, misterioso, tal como ocurría todavía hasta mediados del siglo pasado. 

Recuerdo que por los años cincuenta, viajar por avión conllevaba a un protocolo que obligaba al viajero in fieri, a preparar sus maletas con una antelación de por lo menos dos semanas, situándolas en un lugar especial y en donde poco a poco iba acomodando su ajuar, enseres y encargos.  La noche anterior a su viaje, como un caballero que velaba sus armas antes de su ceremonia de armadura, el viajero hacía guardia a sus maletas.  Luego, el día del viaje se ataviaba con sus mejores galas, pues era inadmisible viajar en mangas de camisa los varones o en traje de diario las damas.  Es más, el cortejo que acompañaba al viajero, también debía vestir formalmente para poder acceder a la terminal aérea, recinto que contaba con un área especial para que el cortejo viera al pasajero subir por la escalinata, voltear antes de ingresar a la puerta del avión y agitar su mano derecha hacia los dolientes prójimos que con un pañuelo impecable hacían malabarismos para despedirlo y a la vez limpiarse las lágrimas o cualquier fluido nasal. 

Hoy en día, el equivalente al 15% de la población total de Nicaragua vive en el extranjero.  Con semejante proporción, el índice de viajes desde y hacia este país se ha incrementado por la cantidad de estos paisanos que nos visitan o de los nacionales que visitan a sus parientes o amigos en el extranjero.  De esta manera, el nica se ha vuelto cosmopolita y el viajar por el mundo dejó de ser un privilegio de la elite y se ha democratizado.  Así, el avión ya no es el “pájaro de acero” que en alguna ocasión la población admiraba con asombro cuando sobrevolaba las ciudades e invariablemente dejaba sus ocupaciones para salir a observarlo. 

El Aeropuerto Internacional de Managua, ahora por decreto “Augusto C. Sandino”, es uno de los aeropuertos más modernos y elegantes de Centroamérica.  Tal vez el de El Salvador sea más grande y traficado, pero no tiene el encanto del nuestro.  Es en este recinto en donde podemos observar al nica viajero del siglo XXI.

Cada día es más común ver llegar al pasajero con su acompañante, se despiden en el automóvil y este último regresa a Managua, mientras que el primero ingresa al mostrador de la aerolínea.  Muestra su pasaporte y el empleado busca el boleto electrónico que el viajero compró la noche anterior por internet y le expide su pase de abordar.  No hay documentación de equipaje pues sólo lleva un equipaje de mano que preparó esa misma mañana.  El viajero se dirige hacia la puerta de abordaje asignada y sin volver la vista atrás, ingresa al área de seguridad. 

El atuendo de viaje también ha variado mucho. Una gran mayoría de viajeros utiliza vestimentas cómodas, algunos exageran la comodidad hasta caer en la categoría de X-treme Adventure.  Algunos ejecutivos que llegando a su destino pasan directamente a una reunión de trabajo, visten formalmente, así como uno que otro “dador a creer” que lo hace por figureo (con licencia de don León Núñez). 

Cada vez es más común encontrar en las salas de espera del aeropuerto a ciudadanos con una computadora portátil aprovechando el Wi Fi que ofrece la terminal, para revisar su correo electrónico, leer las noticias del día o conversar con alguien en Europa a través del Skipe.  El que no alcanza computadora, se conforma con su celular para dar las últimas instrucciones o recordatorios y los más modestos que aprovechan el SMS para un ligero chateo. 

En esas salas se respira un aire de modernidad combinado con el último perfume de Chanel o Carolina Herrera y no el inconfundible aroma del Pollo Campero de las terminales de nuestros vecinos países. 

Ya en el avión, se puede notar un comportamiento estándar. Es muy raro que cuando la aeronave sobrevuela a la ciudad universitaria, algún viajero emocionado entone a todo pulmón Viva León Jodido y el resto de la cabina le eche segunda.  Es muy frecuente encontrar pasajeros que rechazan la exposición de arte minimalista que constituye el entremés ofrecido por la asistente de vuelo y solicite en su lugar un jugo.  Muchos están concientes de que tres cubas de Bacardí en el avión podrían convertir a un viajero en un posible candidato a una exhaustiva revisión aduanal, con proctología incluida.  Existe una mayor proporción de viajeros que cuando la asistente de vuelo le ofrece un digestivo pide un Baileys y no una Alka Seltzer.  Es un garbanzo de a libra encontrar a algún agradecido pasajero que le ofrezca una propina a la asistente y el aplauso al piloto cuando aterriza el avión se lo dejan a los hondureños o los ticos. 

Así pues, el nica de hoy sabe viajar, dejó atrás su carácter exclusivamente exódico para moverse en la aldea global de estos tiempos.  Sin embargo, el inconsciente colectivo es demasiado fuerte y todavía encontramos remanentes de aquel nica del siglo pasado que llega al aeropuerto acompañado de un autobús lleno de acompañantes, en donde hasta un émulo de Stallone con una camisola que deja ver en su musculoso antebrazo el tatuaje de una serpiente, rompe en un dramático llanto a la hora del adiós.  Todavía llegan pasajeros con un equipaje digno de un viaje al Polo Norte, adornada cada maleta con un listón rojo encendido para su más fácil identificación.  No es remoto encontrarse en la cabina a quien a la hora del despegue, como boxeador latino antes de una pelea en el Madison, se santigüe y baje a la corte celestial.  Sin embargo, no sería justo generalizar con estas excepciones. 

En su mecedora ubicada estratégicamente en la acera de una calle de Monseñor Lezcano, al occidente de Managua, don Vicente toma el fresco de la noche en compañía de su esposa, cuando escucha las turbinas de un avión surcar el cielo de Managua. Sin volver a ver reconoce que es el sonido de un Air Bus y le comenta a su esposa: Mireyita, parece que TACA se retrasó cinco minutos.

2 comentarios

  • Hi, this is a comment.
    To delete a comment, just log in, and view the posts’ comments, there you will have the option to edit or delete them.

  • Hola, me he encontrado con su blog buscando una información de Montoya para leérselo a mi hija.

    Me ha parecido interesante su blog y muy gratificante la redacción. Le felicito por semejante esfuerzo, voy a dedicarme a leer sus artículos completos, de los cuales voy a encontrarme seguramente muchos temas nuevos para mi.

    Abrazos desde Canadá,
    Ricardo


Escribe un comentario